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27
jun
11

Transiciones-Los sistemas de mediaciones en las democracias

 

Siéntase incómodo

 

Las transiciones son procesos desestabilizadores y, a la vez, productores de nuevo sentido. Ambos componentes influyen alternadamente en nuestra visión de lo que sucede y de lo que vendrá. Nuestra capacidad de gestionar el cambio depende de cómo gestionamos esa alternancia. Con la transición del sistema cultural-mediático y de los sistemas de mediaciones, en general, está ocurriendo eso. Por momentos sentimos que el sistema cultural-mediático jamás volverá a ser lo que era, que las formas de producir y compartir saberes, de intercambiar conocimiento, de ponernos en relación con los demás, ya no serán dependientes de las mediatizaciones que consumimos cotidianamente durante las últimas décadas. Durante esos períodos, la visión está sesgada por el carácter desestabilizador de la transición. En otras oportunidades, sentimos la ansiedad de querer encontrar el modelo de reemplazo. Eso que, de un modo u otro, le dará un sentido nuevo a las mediaciones. Probablemente son los momentos en los que estamos apurados por la implacable lógica de la supervivencia humana. Queremos saber hacia dónde vamos.

 

La ansiedad se debe principalmente a que otorgamos a la transición la vocación de partera. Entendemos transición como proceso de cambio, como revolución o transformismo, pero cambio. En ese contexto, suponemos que la transición asistirá ala Sociedaden dar a luz nuevos paradigmas de los cuales suspender nuestros pensamientos. Buscamos la comodidad. Despejar las dudas y acabar con la incerteza que tanto carga el escenario actual, demasiado apresurados todos en encontrar nuevas estabilidades, un nuevo orden. Queremos anticipar el resultado de la metamorfosis.

 

Así como las mutaciones tomadas cuadro a cuadro pueden resultar insoportables a los ojos de muchos de nosotros por la violencia intrínseca que conlleva todo proceso de profundas transformaciones y por el aparente sin sentido de las etapas intermedias, las transiciones están sujetas a contradicciones, vaivenes propios de toda evolución dubitativa y situaciones verdaderamente paradojales. Vistos con detenimiento, los pasos intermedios nos dejan la inquietud que genera la monstruosidad de la transición, esos resultados que no transmiten seguridad sino por el contrario inquietud. Es natural. Cuando lo que se deja ver aparenta algo ajeno, alejado de lo que conocemos, unos u otros, el salto de información hace que categoricemos rápidamente lo que vemos como aberrante o sorprendente, dependiendo de nuestra distancia intelectual y experencial con lo que se nos propone. Algunas veces, los resultados intermedios representan lo extraño para algunos y lo admirable para otros. Algunas nuevas prácticas sociales pueden así ser absolutamente degenerativas para algunos y, para otros, ser síntomas de una evolución netamente positiva, un camino hacia el destino que ambiciona. Como todo diseño compartido, implica asumir la emergencia de los conflictos larvados y las tensiones entre los que pretenden liderar la transición, admitiendo que ni los primeros ni las segundas se resolverán del mismo modo que cuando el statu quo reinaba o, si se prefiere, cuando la transición tenía una orientación mucho más unívoca. Es evidente, por ejemplo, la puja redistributiva entre libertad y privacidad, entre cocreatividad e innovación, así como es evidente que la fractura social, cultural y económica ha quedado expuesta a los ojos de casi todos.

 

Lo que vemos durante la metamorfosis no es lo que deseamos ver. De ningún modo es lo que esperamos resulte del proceso de cambio. Esperamos un dibujo realizado con trazo nítido. Algo descriptible, definitivo. En lugar de eso, lo único que somos capaces de ver es la expresión de algo inacabado. Por ejemplo, intentamos categorías para desagregar el universo de los medios sociales buscando aumentar la capacidad de análisis, pero también porque desearíamos estar ya del otro lado, haber tocado la tierra prometida. Existen muchas diferencias en cómo asumimos lo que acontece si adoptamos una u otra forma de entender, pero mientras dura la transición, todos estamos insatisfechos. No estamos hechos para el limbo.

 

Cuando le pedimos que nos deje entrever como será el sistema después de su metamorfosis estamos siendo injustos. Cuando queremos ver en los productos de la transición un modelo, nos volvemos fanáticos. Estamos buscando resultados intermedios e imponiéndole a esta transición tiempos similares a transiciones anteriores sin considerar que las condiciones actuales son más paradojales y que esconden contradicciones en mayor número de lo que los extremistas de un borde u otro desearían dejar emerger a la luz del día.

 

Las transiciones son incomodas por definición. Es natural sentirse incómodo en ellas. Dado que nadie desembarcó del otro lado, nadie atravesó las turbulentas aguas dela Convergenciade Medios con éxito, todos estamos navegando las incertezas con mapas provisionales. Y si nadie es nadie, es natural, entonces, que todos estemos incómodos.

 

Hacía falta incomodarse un poco, dejarse incomodar e incomodar a los demás. Problematizar más el campo profesional, auscultar más el devenir de los medios y de todos aquellos que pretenden ocupar un lugar en el metasistema de mediaciones que representan las democracias. Habrá que acostumbrarse a vivir en transición. A algunos les costará más que a otros. Para beneficio de las mayorías, las democracias se han vuelto dominios más incómodos para los predadores que las entienden como ecologías incapaces de autogobernanza o como cotos de caza.

 

Las mediaciones están en pleno proceso de transición. Serán otros los protagonistas, los protagonistas de hoy cambiarán, o ambas cosas simultáneamente. Al mismo tiempo que habrá más, esperemos muchos más, la calidad de sus mediaciones tendrá que incrementarse. Nacerán nuevas formas de mediación justificadas en y por otros criterios que aun no conocemos para valorizar su rendimiento social y cultural, tanto como el económico. Las mediaciones están más vivas de lo que puede verse. Las democracias se beneficiarán de ello.

 

La hora disruptiva

 

Instituciones heredadas de una era pasada, las formas conocidas de representación, de participación ciudadana y de construir consenso y una cultura común, atraviesan una zona de turbulencias. El entramado de mediaciones sobre el que se desarrollaron los sistemas democráticos de gobierno a partir dela Segunda GuerraMundial es desafiado por nuevas problemáticas, fenómenos sociales y culturales de naturaleza disruptiva. Como parte de ese tejido, nacido por entonces para responder a las necesidades de informar, al derecho de estar informado y al deseo de entretenerse de millones de personas, el sistema cultural-mediático no escapa a esa situación.

 

Durante cincuenta años, a medida que su oferta ocupaba cada vez más tiempo en la vida de las personas, más crecía su influencia en la construcción de una agenda de lo socialmente relevante. Al mismo tiempo que los medios se instalaban próximos al epicentro del sistema de representaciones y se ajustaban flexible y funcionalmente con los otros sistemas de mediación, llegaron nuevas generaciones y con ellas nuevos pactos de lectura se impusieron fundados en nuevos lenguajes, géneros y formatos. Los cambios fueron sustituidos por otros cambios. Algunos sistemas de mediación se dinamizaron y renovaron más que otros. La capacidad de mediación de los diferentes actores sociales empezó a jugar un rol protagónico. Fue entonces cuando “la democracia” se reconoció, principalmente, como un metasistema de mediaciones. En sentido amplio, el sistema escolar, en todos sus niveles, participa de ese metasistema, como participa el sistema de representación política, el sistema judicial o el sistema de representación gremial, entre otros. Todos ellos son sistemas de mediaciones. Por ejemplo, el sistema educativo, representación simbólica del saber acreditado y, a la vez, instrumento de conocimiento, ejerce la mediación entre quienes que saben más y otros que saben menos, entre un saber demandado porla Sociedadpara integrarse cultural, social y económicamente, y un saber dado, intuitivo, una carga genética de conocimiento. Por ejemplo, el sistema de representación política funciona como sistema de mediación entre minorías, entre una minoría y la mayoría, entre las minorías y el Estado. Estos sistemas de mediaciones son para el metasistema de las democracias, lo que los sistemas y órganos vitales son para el sistema biológico. Todos ellos en conjunto son responsables de la construcción y de la mejora continua del valor social y cultural que representa la democracia para los ciudadanos de a pie.

 

Si bien están lejos de agotarse, la capacidad de adaptación y pragmatismo de algunos de estos sistemas de mediaciones parecen no alcanzar los públicos que desearían del modo que lo desearían. Tal vez, han perdido la eficiencia que supieron tener. Los métodos para relevar hacia donde se dirigen los públicos detectan una cierta disociación entre la oferta y las nuevas demandas, ya sean contenidos, lenguajes, formas de representación o consumo. La relación de los medios con sus públicos es cada vez más precaria. La inestabilidad se ha instalado. Su vínculo con los otros sistemas de mediaciones se fragiliza. Los medios y las otras instituciones de la era anterior actúan menos solidariamente. La transición en las representaciones es más difícil de atravesar cuanto mas se hace sentir el efecto de los nuevos jugadores que trasladan los públicos hacia los espacios digitales.  

 

Lo cierto es que el pacto intergeneracional se ha debilitado. En algunos casos, ya no queda rastro de lo que fue. Los hijos ya no leen el mismo periódico que leían sus padres ni sus abuelos. Si lo leen, es de manera complementaria con otras fuentes de información bajo una modalidad híbrida digital-papel que tiende a inclinarse a favor de lo virtual. Hasta la función de mediación en la comunicación publicitaria ha ingresado en una zona de discontinuidades. Los consumidores confían más en la información provista por otros usuarios en Internet que en el folleto del fabricante, la publicidad televisiva o la palabra del vendedor en el puesto de venta. Ninguna de estas últimas representa la principal fuente de información cuando el usuario busca comprar un producto. La información obtenida en Internet puede ser más variada y contrastable. El histórico boca-a-oído, la información que circula entre pares, influye de modo creciente gracias a las vertiginosas corrientes virales que irrigan los medios sociales. Las últimas encuestas muestran que el usuario ya no solo consulta Internet antes de comprar un producto sofisticado, artefactos de avanzada electrónica o un automóvil, sino que también lo hace para productos de alta rotación y consumo masivo. Los medios sociales están allí para “desintermediar” o, si se lo prefiere, para “remediar”. Las nuevas generaciones solo pueden amplificar el fenómeno.

PARA LOS QUE DESEEN UNA VERSIÓN MÁS EXTENSA PUEDEN LEER EL CAPÍTULO EN EL LIBRO DEL 4º FORO DE PERIODISMO DE LA UNR/FUNDACION LA CAPITAL/FUNDACION OSDE. EN UNA POSTERIOR VERSIÓN DIGITAL ENRIQUECIDA PODRA LEERSE EL ARTÍCULO COMPLETO.

10
mar
11

¿El fin o el comienzo de la Cultura 2.0? Un debate inacabado (2)

Existen al menos tres principios básicos que activan las neuronas del imaginario social respecto de los modelos de creatividad, producción y distribución de contenidos: 

  • El principio de neutralidad de la red indica un derecho inalienable de acceso a la red sin importar qué equipamiento, software, conexión o idioma utiliza el usuario para manipular la información, independientemente del tipo y calidad del contenido que consume o comparte. Los servicios de la web, sobre todo los servicios de la denominada cloud computing, sólo pueden desarrollarse si se preserva el acceso al “medio” sin restricciones.

  • El principio de cocreatividad o creatividad compartida posiciona la creatividad colectiva un grado por arriba de los derechos sobre los resultados de la creatividad individual. La puesta en común es un proceso civilizatorio que no puede sino producir ventajas en materia de innovación, lo que parece estar, por otra parte, influyendo decisivamente en las nuevas formas de producción corporativa. Esta espiralización del crecimiento en la producción y distribución de nuevos conocimientos se amplifica en la medida que las personas se apropian de los nuevos lenguajes y formalizan nuevos espacios para descubrir, conocer y compartir.

  • El principio del acceso universal y gratuito a la información identifica “nuevos derechos ciudadanos” no contemplados o subvaluados en anteriores consensos sociales sobre la materia. O, más precisamente, existe una nueva perspectiva que impulsa una creciente adjetivación. Así, la palabra “gratuito” expresa de manera más concreta lo que debe entenderse por derechos ciudadanos de acceso a la información. Más aun, el término “digital” amplifica la incumbencia de los “derechos a la movilidad para todos” poniendo en relieve la fuerte tendencia a la hiperconectividad durante los trayectos (homo mobilis[1]) y en los espacios públicos (wi-fi social). “Movilidad” es, tal vez, el principio con más acepciones, el dominio que más se amplía.

Desde esta perspectiva, las Industrias Culturales van camino a una crisis de magnitud impensable hace sólo dos décadas. Es verdad que siempre han sido objeto de más debates que cualquier otro sistema de la era industrial. Lo que les está ocurriendo ahora no es, en el fondo, diferente a lo que les sucede a las demás instituciones pilares de la era industrial. Las IC están perdiendo poco a poco protagonismo, se debilita la eficiencia que supieron tener en la construcción de estereotipos, categorías y valores en el imaginario colectivo. Abandonan el rol de único prisma. Al igual que el sistema al que perteneció, del que es tan deudor como artífice, el subsistema cultural-mediático navega turbulencias sin que nadie quiera ser el primero en mostrar el camino ni en ceder el paso. En la emergencia, todos claman por sus derechos.

En medio de esta gran confusión, la Cultura 2.0 empieza a orientar los debates. Todos deberíamos haber tomado nota mucho antes de las verdaderas implicancias de este movimiento cultural, social y económico, de lo que hay detrás de esa perspectiva de “apertura” y de los intereses que mueven a unos y otros.  

Algo está claro. Resultará indispensable la construcción de un nuevo pacto de “convivencia” cultural y económica entre todos los actores sociales que participan de ese sistema de derechos y libertades. Comenzando por los autores, siguiendo por los diversos actores que intervienen en la producción y distribución del contenido, y finalizando por los prosumidores, o como se denomine a las personas que consumen compartiendo. Si se lo prefiere, también puede comenzarse a la inversa. O, más aun, puede comenzarse por simular las formas que adquiriría la cadena de valor si en lugar de compensar la creatividad con “10%”, se beneficiara a los “originales” con el 25% o el 50% del valor de tapa. Con la digitalización de la cadena de valor del libro y la aparición de los ebooks, es probable que esas cifras, aparentemente inalcanzables en el universo de los átomos, podrían alcanzarse en el univeso de los bits. También puede simularse lo que ocurriría si se perdiese la neutralidad de la red.

En todos los casos, téngase en cuenta que los precios  de venta de los bienes culturales no están al alcance de la mayoría de los jóvenes. Está claro también que para los jóvenes, el estado anterior carece de legitimidad. Para ellos el pacto está caduco. Todo intento es válido durante el proceso de revisión, aun el que poco impacto parece tener. Un ensayo de remediación entre muchos: la Carte Musique en Francia.

Ningún actor social puede predecir lo que implicará a ciencia cierta en un futuro mediato la falta de un pacto económico sobre el desarrollo de la creatividad y la producción y difusión de conocimiento en esta nueva Sociedad. Por el momento, el diálogo está dominado por posiciones sectoriales, intereses ciegos más que prudentes y una puja redistributiva acerca de la libertad, la creatividad y el conocimiento.

Son numerosos los que están convencidos de que el mercantilismo ahoga a la cultura desde hace más de 30 años, mientras que otros afirman que sin industria no habría producción original ni distribución que resulte sustentable. El debate continúa. Alcanzar un nuevo acuerdo demandará más tiempo de lo deseado. Pero ningún esfuerzo en el presente, por más importante que parezca, será en vano. Las consecuencias del no-acuerdo de hoy impactarán gravemente en el futuro de una Sociedad que necesita tanta creatividad como conocimiento distribuidos.

No es sólo ni es en primer lugar una cuestión económica. Es también una cuestión económica. La complejidad del problema proviene de sus raíces culturales. La situación debe estimularnos a revisar los mecanismos de diálogo sobre estos cambios. Todos los actores sociales deben tomar posición, deben ensayar modelos concretos que expresen una voluntad de nuevos consensos prácticos sobre aspectos tan abstractos como fundamentales para la convivencia. Las críticas arreciarán sobre aquellos que lo intenten. Se merecen el respeto de todos, independientemente de sus orígenes. Ojalá alguno de los ensayos abra un espacio de consenso.

Si no es el fin, sino por el contrario el comienzo de algo que llegó para quedarse, nos debemos una reflexión acerca de la cultura 2.0 menos pesimista, menos enfática y mucho más dialógica acerca del futuro de los sistemas de mediación de la democracia, incluyendo en los primeros lugares el sistema educativo y el cultural-mediático.


[1] Amar, Georges. Homo Mobilis. Le nouvel age de la mobilité. FyP. París, 2010.

06
mar
11

¿Cultura 2.0? Implicancias de un debate inacabado (1)

Existe una preocupación creciente por la neutralidad de Internet. Tim Berners-Lee, a quien se adjudica haber concebido la funcionalidad de la metared tal como la conocemos hoy, publicó recientemente en Scientific American un denso artículo que tituló Long Live the Web: A Call for Continued Open Standards and Neutrality”, criticando las políticas de “castigo” a la piratería en Internet que diversos gobiernos están poniendo en marcha.[1] Su artículo identifica de manera explícita tres casos concretos:

  • En Francia, la Loi favorisant la diffusion et la protection de la création sur Internet” (2009), conocida como Ley Hadopi, permite a la administración pública desconectar durante un año a los hogares desde los cuales algún miembro de la unidad conviviente esté “acusado” de acciones consideradas por la ley como ilegales, como descargado música o vídeo sin autorización o licencia de uso.
  • La Digital Economy Act (abril 2010) del Reino Unido obliga a los ISP (Internet Service Provider) a informar a la administración pública el nombre de los usuarios que hayan sido detectados infringiendo las leyes de propiedad intelectual.
  • La Combating Online Infringement and Counterfeits Act (septiembre de 2010) autoriza a la administración pública a gestionar una “lista negra” de webs que se encuentren en el territorio de EE.UU. o fuera de él, cuyos responsables estén acusados de infringir el copyright de los contenidos.

Entre otros muchos debates actuales, cabe mencionar el que tiene lugar en España alrededor de la ley conocida bajo el nombre de “Ley Sinde”, apellido de la Ministra de Cultura que la propone, fuertemente cuestionada dentro del país y por los foros europeos cuyas posiciones impiden una aplicación serena de la norma.

En su artículo, Bernes-Lee puso el énfasis en tres grandes temas: la neutralidad de la web, el uso ilegal de contenidos en Internet y la violación de los “derechos humanos” en China y en otros países. En esta ocasión, me centraré en los dos primeros.

Para comenzar digamos que, aunque pueda parecer en una primera lectura una crítica al fondo de la cuestión, el artículo pone claramente el acento en las formas que adoptan las políticas gubernamentales sobre el uso “no responsable” o “ilegal” de contenidos y las consecuencias no deseadas. Para él, “desconectar” una persona “acusada” es una forma de privación ilegítima de la libertad. Considera que es indispensable, como siempre, garantizar los derechos individuales: “ninguna persona ni organización debe ser privada de conectarse a otros sin un proceso legal y sin la presunción de inocencia”. Ante estas belicosas formas y las consecuencias directas e indirectas, deseadas y no deseadas, vale la pena interrogarse acerca de cuánto éstas afectan la reputación de la democracia, de los gobiernos, de las industrias culturales.

La época que vivimos se caracteriza, entre otros diversos rasgos salientes, por un debate tenso acerca del acceso a la información y los derechos a la privacidad. En ese sentido, dice Berners-Lee: “Governments—totalitarian and democratic alike—are monitoring people’s online habits, endangering important human rights. If we, the Web’s users, allow these and other trends to proceed unchecked, the Web could be broken into fragmented islands. We could lose the freedom to connect with whichever Web sites we want.” Lo que ya había expresado antes, con este artículo queda más evidente.

Si la contundencia de la declaración de Berners-Lee le asombra, puede sorprenderle más saber que no es aislada ni mucho menos. Sobre estas cuestiones, son numerosas las personas influyentes que están dando opiniones parecidas, cuya repercusión mediática, en esta ocasión, no es justamente la que suelen tener sus otros pronunciamientos. Personalidades de tan diversos orígenes y extracciones políticas como Jacques Attali, Enrique Dans o Paul Krugman están levantando la voz. 

La controversia convoca a muchos referentes sociales y culturales que nunca estuvieron en posiciones críticas o incluso militantes y alarmistas.

El debate se exacerba en la intersección, donde se cruzan la voluntad de proteger la propiedad intelectual con la democratización del saber, la creatividad y el uso responsable de las redes, la libertad de expresión y el derecho ciudadano de acceso a la información. Las formas de comunicar, conocer y compartir se relacionan de manera cada vez más disruptiva con las instituciones heredadas de la Sociedad Industrial.

Ante lo que está ocurriendo, es cada vez más necesario aumentar la capacidad de entendimiento, amplificar el abordaje conceptual, aumentar la eficiencia de los mecanismos para distinguir la pluralidad (múltiples voces, múltiples intereses) de intereses. Evidentemente, fácil no es. Debe ser que, a beneficio de muchos, todo se mezcla, mientras aumenta el transformismo (operadoras telefónicas, proveedores de acceso a Internet, Estado, etc.) que invisibiliza los autores intelectuales y no cesa la conflictividad que demora las soluciones verdaderas. Se espetan argumentos superficiales acerca de los derechos de unos y otros, que acomoda algunos en la confusión y a otros en el militantismo de las simplificaciones. En el fondo, el sistema de mediaciones sobre el que se funda la democracia enfrenta lo que podría ser el mayor de los desafíos desde la caída del muro.  

En términos prácticos y resumidos, las tensiones se sitúan en la intersección de la libertad y los derechos para ejercerla. Podría decirse que la “nueva economía”, perdedora con la explosión de la burbuja dotcom de principios de la década pasada, alcanza nuevas fronteras o, al menos algunas de sus premisas básicas, se extremizan y mimetizan bajo nuevos ropajes (2.0) para presentarse en Sociedad. ¿Es la Cultura 2.0 propia de una etapa superior de democracia? ¿Qué principios la rigen y qué consecuencias tiene para la creatividad, las formas de conocer y de participar en la Sociedad del Conocimiento?


[1] Berners-Lee, Tim. “Long Live the Web: A Call for Continued Open Standards and Neutrality.” En Scientific American, diciembre de 2010.

19
ago
10

Universidad Generación Y

La universidad que era nuestra

¿Qué hicimos para merecer esto? ¿Qué hace mal mi universidad para estar en esta situación? Así comenzó la conversación el Rector, cuando me recibió en su despacho. Su universidad me había invitado como asesor académico a darles una opinión acerca de algunas situaciones que juzgaban “anómalas”. Al Rector de esta universidad latinoamericana de elevado prestigio, le resultaba imposible creer lo que estaba ocurriendo y aceptarlo sin más. Como en el intercambio de correos electrónicos que habíamos mantenido antes de que yo viajara no había nada muy preciso que me indicara los “problemas”, había llegado la hora de enterarme. Inmediatamente después de las preguntas culposas del inicio, le siguieron las respuestas que esperaba. En los últimos tres meses en unidades académicas diferentes, habían habido tres casos de plagio en tesis de maestría, en YouTube los alumnos habían subido videos del equipo de futbol universitario a un canal que crearon ellos mismos utilizando el isologo de la universidad sin autorización, en las pruebas de grado habían detectado alumnos que se enviaban mensajes de texto de un móvil a otro con las respuestas a los exámenes durante las pruebas, en Twitter hablaban de los profesores y de los investigadores con frases inteligibles, incluso acerca de él como Rector, y en Facebook detectaron 17 grupos y dos causas, algunos de estudiantes y otros de docentes, que hablaban de la universidad como si fuese suya! Ante esta situación, el Consejo Superior entendía que debía tomar decisiones pero no sabían qué hacer. Las recetas prescriptas por sus asesores en comunicación no terminaban de convencerlos y querían una segunda opinión más académica.

Las universidades están viviendo un momento de grandes transformaciones. El cambio se llama Y y es de naturaleza disruptivo. Lo que está aconteciendo es un proceso de aculturación en el que la interpenetración de dos modelos diferentes de producir y compartir el conocimiento se encuentran y desencuentran furtivamente, evitando cuando se puede una intersección que no puede suceder sin costos para las partes. La Generación Y ha llegado a la Universidad con su mochila cargada de experiencias digitales extremadamente distantes de las prácticas universitarias tradicionales. Más aun, diferentes de lo que han sido y son las prácticas sociales de la amplia mayoría de la sociedad. Esta generación de jóvenes alumnos y de jóvenes docentes son los hacedores de esta situación, una realidad que supera todo lo que pudieron imaginar los espíritus más creativos del ámbito académico o de la investigación científica. 

Quienes son los Y

Progresivamente la sociedad de tres generaciones se está convirtiendo en una sociedad de cuatro. Es la primera vez en la historia que la familia comprende cuatro y hasta cinco segmentos etáreos cuyos extremos son separados por un siglo de historia. La sociedad avanza hacia una estructura social para la cual la capacidad de adaptación mutua y las formas de cohesión que conocemos y practicamos tal vez no resulten eficaces. Empiezan a esgrimirse serias y fundadas dudas acerca de cómo se resolverán los conflictos entre grupos sociales que han tenido experiencias de vida tan diferentes y que en su conjunto conforman un colectivo cada vez menos homogéneo en cuanto a paradigmas y valores compartidos sobre los que debe construirse una visión de futuro común. Las prácticas sociales de unos y otros están distinguiéndose constantemente y la diversidad de patrones comportamentales se amplifica a medida que las tecnologías de la información y de la comunicación adquieren un rol preeminente en la vida cotidiana. Los cambios sociales y culturales se han acelerado haciendo que, con valores y comportamientos sociales muy diversos, haya mas generaciones sociales y digitales luchando por un espacio de expresión e influencia.

Ninguna forma de describir y explicar estos pliegues generacionales es de aplicación global. Sin embargo, en un primer nivel de simplificación puede admitirse que algunas  tensiones intergeneraciones son transfronterizas. No hay manera de utilizar categorías globales para los cambios generacionales, como tampoco existe una forma de identificar de manera exclusiva una persona con una generación social y una generación social con una generación digital. Aun así, es posible relacionar las generaciones con la evolución de las formas de consumo cultural vinculadas, especialmente a las TICs.

La universidad como organización social no escapa a esta realidad etárea y digital. Está constituida por varias generaciones sociales y de varios niveles de competencias digitales. En ella se desempeñan y conviven alumnos, docentes, directivos y agentes de control que pertenecen a diversas generaciones sociales y digitales. Entre ellos, los alumnos de la generación Y y un número creciente de docentes que podrían adscribirse con cierta facilidad a la misma clasificación. Alumnos que en su mayoría pertenecen y se comportan social y digitalmente como 2.0 en una universidad 1.0. Podría decirse que la universidad está “en transición”, repleta de personas con comportamientos híbridos tanto en el consumo cultural como en las prácticas sociales. Una proporción creciente de esa población sabe que la necesaria resignificación de la Universidad en la vida social actual exige una transición colectiva hacia nuevas formas de enseñanza y de aprendizaje. Puede ser que no sea para mañana y que el cambio nunca alcance la dimensión 2.0 que se instaló en el imaginario social y que las expectativas de las nuevas generaciones no se satisfagan nunca. Sin embargo, es probable que esa cultura 2.0 influya de manera decisiva en el futuro de la universidad.

La generación Y, identificada como la “generación del milenio” (millennials),  la “netGeneration”, la “iGeneration” o “GoogleGeneration”, está conformada por los nacidos entre la primera parte de los años 80 y antes del 2000, con variados matices entre países y regiones. Al no creer en reglas sino en formas de guiación y colaboración, la Generación Y aumenta la distancia comportamental con las generaciones anteriores respecto de las formas de convivencia.

Es la misma generación que se manifiesta explícita o implícitamente a favor de la idea de que las prácticas socio-educativas pueden ser más eficaces si se procede progresivamente implementando servicios compartidos (redes sociales, blogs, wikis, folcsonomías) que promuevan la colaboración y el intercambio simbólico entre todos los agentes sociales que participan del proceso. Están solicitando mayor protagonismo en una relación que va decididamente camino a la nube (cloud computing) y que con ella se lleva las tradicionales prácticas áulicas. 

En esa universidad 2.0, los recursos estarán almacenados en la red, y el procesamiento y los intercambios se darán en red y en la metared. Más las generaciones consideradas hoy disruptivas tendrán peso en las decisiones, más se moverá el aula y la universidad hacia la nube.

Qué cambios se pueden esperar de la universidad

La universidad está en mejores condiciones que otras organizaciones educativas para entender la necesidad del cambio. Ese el lugar privilegiado donde pueden nacer y crecer las nuevas ideas con mayor independencia de los poderes fácticos. Es el nido más cándido para la innovación. Sin embargo no le ha resultado siempre fácil abordar los cambios propios y estrechar las distancias con lo que la vida real extramuros demuestra que son los ejes del cambio social, los centros de interés más comunes y la agenda pública de las últimas décadas.

La transformación en ciernes concierne todas las dimensiones universitarias, sin excepción. En cuanto a la difusión del conocimiento, las editoriales universitarias tienen entre manos una posibilidad de actualización extraordinaria vinculada con el cambio de soporte (cada vez más universidades ofrecen notebooks y se multiplican las pruebas con ereaders), los canales de distribución de contenidos (plataformas de e-content) y la proximidad con la que los nuevos lectores -muy representados entre sus alumnos- desean establecer la relación con el contenido, el autor y los otros lectores. Saben que se avecinan cambios en los formatos y que la fragmentación digital de los contenidos en unidades menores puede permitir resolver de otra forma que no sea el fotocopismo tan difundido en Latinoamérica, la necesidad de los estudiantes de hacer una lectura secuenciada de textos segregados (capítulos, apartados) provenientes de diferentes fuentes (libros) según las prescripciones de los profesores. Es tan probable como que la publicación del producto de la labor científica y docente gane notoriedad si las editoriales universitarias se integran más a la cadena de valor del libro impreso y digital. Aportarían a la diversidad del ecosistema del libro y saldrían fortalecidas y ratificadas en su mandato social de difusores privilegiados del conocimiento académico-científico.

Tal vez, ha llegado también la hora en la que el aula y la biblioteca conformen un monoambiente, algo más próximo a la cultura Y, a la “cultura de la nube”, una actitud más predispuesta a la circulación abierta de los saberes. Ambas, aula y biblioteca tienen mucho que ganar. La conectividad a la metared Internet es condición necesaria pero no suficiente de la cultura 2.0. El rol que pueden y deben jugar las bibliotecas es de extrema importancia, creciente es la necesidad de curaduría en la medida que Internet se configura como una red de inteligencias cada vez más distribuidas y promueve una nueva dinámica de producción y circulación del conocimiento humano sin centro.

El cambio está en marcha. El mejor indicador es el presupuesto digital. Incluyendo ebooks, pero no sólo ebooks, las universidades están invirtiendo cada vez más en contenidos digitales. Es esperable que las universidades totalmente o parcialmente dedicadas a la enseñanza a distancia muestren números que indiquen la importancia relativa que está teniendo lo digital frente a lo impreso, como puede ser el caso de la Universitat Oberta de Catalunya, que invierte más del 60% de su presupuesto en bits. Lo es menos en el caso de la Universidad de Barcelona (68%), la de Andalucía (60%), Córdoba (51%) y Murcia (55%), todas universidades dónde lo presencial prima sobre cualquier otra modalidad. Nueve universidades españolas han dedicado más del 50% de su presupuesto a contenidos digitales. En los últimos tres años, las primeras 10 bibliotecas españolas en inversión digital han duplicado la cantidad de objetos binarios en catálogo, la amplia mayoría de ellos, accesibles de manera remota, es decir, desde fuera del campus universitario. Se trata de un fenómeno compartido, no exclusivo de las grandes universidades estadounidenses, ni a los sitios académicos de elite de los países emergentes. Los bits, que hace tiempo habían desembarcado en las bibliotecas, tienden a ser cada vez más abundantes en las colecciones universitarias y a influir de manera significativa en un cambio que tiene como protagonistas a las nuevas generaciones de estudiantes, docentes e investigadores que ya no aceptan con facilidad las reglas de una biblioteca anclada en la era industrial.

Los productos de la era digital ni se producen ni se consumen de la misma forma que en la era industrial. El producto de la cultura industrial es concebido para ser distribuido como acabado, cerrado, lineal, cronológicamente producido y organizado, es inanimado, susceptible de una explotación limitada a un territorio y durante un lapso de tiempo determinado, es bidimensional, es decir, sin espesor ni posibilidad de ampliación o profundización, es premiado, acreditado, autorizado, prescripto, homologado. Mientras que el producto de la cultura digital propia de la generación Y es inacabado, abierto, mestizo, híbrido, compartido y comentado, expandible y capaz de empoderarse de lo ajeno, de lo provisto por otros autores no contemplados en el plan original, pseudoanonimizado, no lineal, hipervinculado, sin territorios, accesible inmediatamente, antecronológico (blog), votado (democrático) en lugar de premiado (meritocrático).

Las bibliotecas están en transición y este cambio tiene que ver con sus nuevos usuarios, lo que implica aceptar ir hacia un nuevo modelo que, a su vez, implica un nuevo perfil de bibliotecario. Así lo deja entrever el cambio de su entorno de trabajo y el tipo de servicios que se le exigen. Es en la interacción con esos nuevos usuarios que se modela su futuro. La formas que adopte para gestionar los recursos cada vez más complejos y variados, de naturaleza, soporte y origen muy diversos, y los canales y estilos de relacionarse con sus públicos, de aceptar su carácter participativo y de auscultar la demanda latente, serán determinantes para definir los nuevos perfiles bibliotecarios. Se acrecienta la idea de que el rol de curadores que siempre les cupo va a incrementarse, pero no será suficiente para cautivar las nuevas audiencias. Son competencias nuevas las que podrían surgir de esa interacción con los nuevos públicos, más próximas al perfil de gestores de comunidad (community manager) con un fuerte interés por la mediación y la mediatización en la web, que a la tradicional función de asesores. Que los servicios vayan a la nube hará que los encuentros presenciales sin desaparecer serán minoritarios frente a lo que sucederá en la virtualidad.

Habrá que acostumbrarse a la transición, un lugar incómodo en el que constantemente se tiene la sensación de lo provisional, de que muchas referencias se desplazan, que el barco se mueve. En la traslación hacia lo digital, es posible que se pierdan audiencias pero es probable que aparezcan nuevas. El desafío consiste en ensanchar los públicos, ir en búsqueda de los que hemos perdido y de los que podemos ganar sin perder los existentes. La hora ha llegado de dotarse de un paradigma de transición a medida, ajustado al estado de la organización y de sus integrantes, que nos permita navegar en la incerteza con un plan propio, sabiendo que éste solo puede ofrecer provisionalidad. Con flexibilidad y saberes compartidos, es más probable que tengamos éxito y que la generación Y no nos parezca tan disruptiva como al Rector de la anécdota.

04
ago
10

¿Todo por 2 pesos? Sakshat, la máquina 6C

Sakshat es la máquina que el gobierno indio acaba de promocionar al rango de estrella universal. No es para menos, Sakshat cuesta 35 dólares! La noticia tuvo una gran difusión. Yo también me dediqué a ello, comenzando por un post sobre la commoditización de las tecnologías en la era de la nube y siguiendo por una opinión contextualizada acerca de su lanzamiento con una puesta en perspectiva del rol que juegan los países emergentes en la commoditización de las tecnologías.

Hace pocos meses, había escrito un informe ebooks: Hacia una estrategia digital del sector editorial en el que presentaba la hipótesis de que serían los países emergentes los que demostrarían pronto que es posible producir para ciertas condiciones de uso, la educativa en particular, dispositivos móviles de bajo costo, inferiores incluso a los 100 dólares. Y que cuando eso fuese una realidad se produciría un verdadero cambio de paradigma y un salto cuali-cuantiativo en las formas de consumir contenidos, especialmente, libros.   

La novedad que nos aporta Sakshat es doble. Por una parte, reside obviamente en que sería posible producir una tarjeta madre (motherboard) que integre procesador y conectividad local y remota a bajo costo, es decir, que tenga un precio de venta inferior a 100 dólares, algo que los diseñadores comerciales como HP vienen ensayando hace tiempo. Por otra parte, se trata de integrar por primera vez en una máquina la nueva cadena de valor completa: Cloud-PCTablet-OpenSoftware-LowPowerConsumption. En otros términos, está iniciativa tecnológica fundada en la trilogía acceso-igualdad-calidad, es la primera que integra seis conceptos en una máquina, un metaconcepto:

1)      el concepto ultramóvil en formato de tableta (imitando a Apple), con todo lo que ello implica, tanto del punto de vista ergonómico (peso de 400 gramos, pantalla de 7”) como de la interfaz (pantalla táctil);

2)      el concepto software abierto que integra Linux que en algunos casos podría llevar Android o Chrome, y un sistema de Open Office;

3)      el concepto bajo consumo energético que supone un consumo reducido de funcionamiento que no supera los 2 watts y que se completa con una fuente de energía solar para las situaciones extremas de escasez de energía eléctrica;

4)      el concepto conectividad abierta y permanente que integra tecnología blanda (navegador) y tecnología dura para conectarse a las redes (Wi-Fi);

5)      el concepto nube que evita el dispositivo de almacenamiento local (no tiene disco rígido, sí una salida USB para conectar una tarjeta de memoria externa) lo que permite disminuir significativamente el peso, y estimular el trabajo colaborativo (videoconferencing facility) trasladando a la nube la producción y distribución de conocimiento;

6)      el concepto de masividad, es decir, producido para millones de personas con costos asequibles, que hoy serían de 35 dólares subsidiados a mitad por el gobierno indio, pero que, según esperan algunos expertos indios, podrían aun reducirse hasta perforar los 20 o incluso los 10 dólares.

La máquina 6C ya tiene sus detractores. Ellos son los que dicen:

  • Linux no es para todos, es menos seguro y exige más conocimientos técnicos. A ellos les digo que esto pudo haber sido así hasta poco tiempo atrás, pero la diferencia en la (in)seguridad y en los conocimientos que el usuario debe tener entre Linux y los productos de Microsoft, no es tan grande como la diferencia que separa lo gratuito de lo pago.
  • El hardware y el software demorarán en estabilizarse lo que requerirá más soporte técnico. A ellos les digo que, siendo verdad que toda tecnología necesita madurar y mientras tanto requiere un soporte que es en definitiva un costo encubierto, el período de estabilización será menor de lo pensado porque India cuenta con la experticia en el desarrollo de tecnologías blandas a gran escala (es factoría de un gran número de productores de software líderes) y con una gran cantidad de usuarios (más de 100 millones), la fuente indispensable para detectar e introducir rápidamente las mejoras necesarias.
  • La conectividad no podrá ser efectiva porque las instituciones educativas no tienen las instalaciones adecuadas ni las redes en el país funcionan para soportar esa carga. Tienen razón mientras no se ejecuten los programas de inversión que tiene planificado hacer India para proveer de accesos a las escuelas y universidades. Si se confía en que los planes se cumplirán a medias, la conectividad impactará en la vida de al menos 50 millones de personas de las 100 millones que pretenden alcanzar, personas que hasta el momento no tenían ningún acceso.
  • Es escasa la memoria (sólo tendrá 256 Mbytes de RAM y la posibilidad de tarjetas de memoria adicionales de 2G en una versión básica) para el procesamiento de la mayoría de las tareas universitarias, aunque no todas, lo que implicará recurrir incesantemente a la “nube”. Les doy la razón por ahora, hasta conocer más acerca de cuánto el ahorro en capacidades de almacenamiento puede cooperar en subsidiar la conectividad y los servicios en la nube.
  • Se desconoce cuál es el tipo de procesador, lo que eleva el nivel de sospecha respecto de quién estará en condiciones de producirlo y de qué funcionalidades puede garantizar. Es verdad lo que dicen, tan verdad que ni Wikipedia puede informar a este respecto!? Algunos aseveran, a pesar de que el comunicado del gobierno indio no lo informa, que se trata de un procesador Arm de aproximadamente 1Ghz, que como vimos en un post anterior, se trata de procesadores especialmente competitivos para el mercado de los ultramóviles: los procesadores están en los Kindles, en los smartphones y en las netbooks. El punto más difícil de resolver y del que hablamos desde el inicio es el procesador. Según el ministro de Desarrollo de Recursos Humanos Kapil Sibal ya han superado todas las etapas de la conceptualización y los “pilotos” han superado las pruebas necesarias para pasar a la producción masiva, lo que informa acerca de que “el problema” estaría resuelto, pero el camino elegido es un secreto guardado bajo siete llaves.
  • Los contenidos que reproduce responden a una naturaleza (pdfs enriquecidos y videos) muy demandante de recursos hardware y software. En otros términos, podría caber la duda de si será posible explotar esos contenidos en dispositivos de esta “inversión tecnológica”. Para responder habría que responder antes a todas las preguntas anteriores. Simplemente no lo sé, no es que lo pongo en duda.

El planteamiento hecho por el gobierno de la India no es algo aislado. Hace más de un año que China comenzó un programa similar vinculado con la distribución de contenidos digitales para la lectura en ereaders “clonados”, lo que me llevó, en su momento, a hablar de efecto mariposa china sobre los precios de las tecnologías. Que China o India produzcan millones de ejemplares de este tipo de dispositivos modificará las reglas del mercado y las reglas que pautaban la commoditización de las tecnologías. 

Entre los grandes jugadores globales, las iniciativas se multiplican en la era de la integración vertical. En la telefonía móvil, lo intenta Google con NexusOne y, tal vez, lo intente en el mercado de las TabletPCs. En el mercado de las netbooks, así como INTEL, líder mundial de procesadores, lo ha hecho con su Classmate, Marvell, que sabe mucho de tecnologías económicas, ha anunciado en marzo sus intenciones de convertirse en proveedora de netbooks con finalidad educativa y son mas que rumores los que circulan acerca de su mayor acercamiento a OLPC. La organización One Laptop Per Child, pionera en el diseño e implementación de equipos de bajo costo para programas educativos, también lanzó un plan para la producción de un nuevo dispositivo basado en el concepto tablet PC para 2012, cuyo costo sería del orden de 75 dólares.

La commoditización beneficia evidentemente a los usuarios. El resultado está a la vista y lo estará más aun. Aunque la relación es menos directa y más compleja de lo que se admite, con la introducción de este nuevo 6C, sus usuarios tendrán más oportunidades de conocer y de integrarse social y laboralmente. También está claro que 6 conceptos en una sola máquina es un record! Nadie había logrado tanto antes de esta iniciativa. Lo intentó Negroponte con el proyecto OLPC, que tenía casi todo incluyendo el bajo consumo de energía, y no lo logró porque le faltó la “nube” y la ergonomía de una TabletPC en la que ahora pone énfasis.

No lo consiguió Microsoft en su momento, ni Apple más tarde, porque sus precios estaban hechos para que no fuese masivo. No lo consigue Amazon, al menos, no aun, a pesar de que va camino a los 100 dólares con un dispositivo más pequeño y más liviano que consume mucho menos energía (la batería soporta un mes de consumo promedio).  

Si por un momento nos detenemos en los grandes jugadores globales, ¿a quién beneficia este intenso movimiento? Si estas estrategias de los países emergentes continua, ¿quién gana y quién pierde? ¿Google, Amazon, Adobe, Apple, los ISP, Qualcomm, CISCO, Intel, Microsoft…? Lo que está sucediendo es un claro llamado de atención. Sakshat puede demostrar que es factible una nueva cadena de valor Cloud-PCTablet-OpenSoftware-LowPowerChina e India, ya habían advertido antes.

China e India, tal vez pronto Brasil, nos están demostrando cómo se integra la nueva cadena de valor digital. El que quiere oir que oiga. Y si alguien se inquieta aun por saber acerca de los consumidores, la respuesta es sencilla: ponga el precio adecuado y verá. Este movimiento necesita jugadores fuertes en las industrias de contenidos. ¿Quién se hace cargo? La respuesta será tema de una próxima conversación.

30
jul
10

Todo x 10 dólares: acerca de la commoditización de las tecnologías

Los nuevos mercados están por las nubes

Que las tecnologías tienden a commoditizarse más rápido que los contenidos es un principio conocido y de aplicación casi universal. Que la commoditización deriva en precios más asequibles para una amplia franja de la población es una consecuencia natural. Que cuando los precios entran en una fase de pronunciado descenso, su estabilización asintótica solo se alcanza por el costo de ciertos componentes como el procesador o el disco rígido, es una evidencia de que existen jugadores ineluctables cuyos productos definen la evolución del mercado.

Los diseñadores de insumos que son centrales en las prestaciones que ofrece la máquina, no actúan como fijadores de precios. Es imposible que alguien pueda, salvo en ciertos nichos muy particulares, convertirse en fijador de precios y menos de un precio único, aun después de la ola de compras y fusiones que hemos vivido en las últimas dos décadas. Más en el ámbito de los portátiles, dónde existen jugadores muy potenciados por sus éxitos en la telefonía móvil. Entre los muchos capaces de competir en las comunicaciones móviles destacan Qualcomm con SnapDragon, Marvell con la serie Armada, NVIDIA con Tegra, Texas Instruments con OMAP y ARM con su serie Clásica y Cortex.

Algunos jugadores más que otros, ya sea por el share que ocupan en el mercado o por situarse abajo en la pirámide de precios, tienen la capacidad de actuar como “estabilizadores de precios mínimos”. La competencia por el sector (ultra)móvil ha estimulado el mercado. Los procesadores Atom de INTEL comprado en miles de unidades ronda los 40 dólares. Y ya existen numerosos procesadores que no superan los 20 dólares.

A diferencia de los discos rígidos que pueden ser suplantados con cierta efectividad (peso/unidad de volumen almacenado) por otro tipo de dispositivos de almacenamiento como las memorias flash, que son indispensables si se trata de optimizar el peso pensando en la movilidad, los procesadores, es decir, el componente más valioso del equipo, no puede ser evitado! Los dispositivos pueden ceder la función de “almacenamiento” a un servidor en la “nube”, pero siempre deberá contar con un procesador. La función “procesamiento” no puede cederse completamente. Por el contrario, más la plataforma es convergente, más polivalencia, más capacidad de simultaneidad (múltiples niveles de procesadores) en la explotación de contenidos se requiere, más los contenidos son de naturaleza audiovisual, más el usuario está hiperconectado, más el procesador es indispensable.

Ambos tipos de insumos, discos rígidos y procesador, actúan como determinantes de los precios mínimos. Si todas las tecnologías se commoditizan, esas dos sufren menos el proceso y, al mismo tiempo y como consecuencia natural, sostienen los precios mínimos de la tecnología final, el dispositivo, que de esa forma evita aproximarse al valor teórico cero. En otros términos, si no fuese por el costo del procesador y de los dispositivos de almacenamiento, los precios alcanzarían nuevos mínimos inimaginables hoy por hoy.

El mercado de las TICs sigue gobernado por grandes líderes globales,  aunque con variantes significativas respecto de lo que fue. Por ejemplo, la alianza WINTEL, INTEL+Microsoft, la principal desarrolladora del mercado global de las PCs, sin dejar de existir, ya no funciona de la misma manera que antes.  

“The shift to mobile computing and data centres (also known as “cloud computing”) has speeded up the “verticalisation” of the IT industry. Imagine that the industry is a stack of pancakes, each representing a “layer” of technology: chips, hardware, operating systems, applications. Microsoft, Intel and other IT giants have long focused on one or two layers of the stack. But now firms are becoming more vertically integrated. For these new forms of computing to work well, the different layers must be closely intertwined. [...] As the Wintel pair splits, computing will start to look different. Instead of being dominated by two monopolists, the market will be fought over by eight or nine more or less vertically integrated giants. Oracle, Cisco and IBM will vie for corporate customers; Apple and Google will scramble for individuals (see table). IT, like the world, is becoming multipolar.”

De los dos principales jugadores nacidos en la era de la computación personal, Intel y Microsoft, el primero parece haber acentuado su capacidad de influir. Es verdad que al segundo se le oponen gobiernos, jueces y una clara tendencia hacia el software libre, al mismo tiempo que sufre los efectos de la piratería. El primero, mientras tanto, se beneficia de su perfil mucho más bajo. El usuario no percibe “Intel Inside” de la misma forma que percibe “Windows” de Microsoft, una imagen penetrante que emerge, al menos, cada vez que enciende la máquina. Las personas no reconocen o parecen olvidar la presencia del procesador cada vez que operan con la máquina. Tal vez se deba a un fenómeno de comunicación, o simplemente a que el procesador se ha transformado en la prolongación “natural” del poder humano de inteligencia. Como no está pensando en “su propio procesador”, como no es necesario pensar en lo obvio, en aquello que le permite pensar, tampoco es interesante pensar en aquello que lo subsidia: el procesador de la máquina.

El procesador siempre está allí, en todo lo que el usuario hace con la máquina. Sin embargo, la relativa (in)visibilidad que ha conseguido le favorece y mucho cuando de lo que se trata es de experimentar la relación con humanos que tienden a convivir en una cultura 2.0, una era en la que las personas aprecian más la colaboración y el compartir. Por otra, y no es poca cosa, el hardware corre con la ventaja de ser tangible y lo tangible es mucho menos susceptible de ser copiado o pirateado que las tecnologías blandas. Ningún potencial ingreso ($) se pierde en el entramado ilegal sino es por el espionaje industrial (ver los últimos conflictos entre INTEL y AMD). Y cuando éste existe, los resultados recaen, sobre todo, en el mismo sector y no en sectores foráneos que monetarizan la ceatividad y la innovación de los líderes. En definitiva, quien espía y copia pertenece al mismo sector que, siendo ya competitivo, alguien podría decir que se “perfecciona” mediante este tipo de trasvasamiento. 

Microsoft no pudo desarrollar tan rápidamente un concepto tecnológico propio (o lo hizo demasiado lentamente para los tiempos que corren) que acompañara la evolución de la red y de los usuarios en la red. Google sí. Google es un nativo de la nube, Microsoft es un inmigrante. Aunque las apariencias simepre engañan un poco, Google se muestra más “cooperativo”, Microsoft más “stand-alone”. Google más abierto, Microsoft más cerrado. Microsoft sabe tanto como Google de trabajar en la red y ambos saben que los nuevos mercados están en la nube.

Siguiendo la iniciativa de Oracle que hace dos décadas ya quería llevar las computadoras personales a un sistema global de networking extrayéndoles de su vientre el disco rígido y compartiendo servidores en alguna red exterior, Google está demostrando que la “nube” (cloud computing) puede ser el factor que modifique sensiblemente la tendencia y cambie las reglas del negocio que supo construir Microsoft a lo largo de tres décadas, incluso en beneficio, parcialmente claro, del propio Microsoft cuando va a la nube.

La “nube” podría ser para el software lo que los átomos son para el hardware. Es la condición que si se cumple, puede aminorar los efectos de la piratería al mismo tiempo que provee a los usuarios, al menos en una primera instancia, una sensación de mayores beneficios, y gratis o casi! En ello, trabajan los conocidos y los menos conocidos, como Cobweb, Rackspace y 1×1. Algunos de ellos ya tienen cerca de 2 millones de usuarios corporativos de servicios cloud. Ya existe un hipermercado de servicios en la nube. Además, la “nube” es emblema de compartir y eso está claramente alineado con la cultura 2.0, con el fenómeno we media, con las nuevas formas de producir (wiki-wiki) y las nuevas formas de acceder y compartir el conocimiento (e-learning).

30
jun
10

Las herramientas 2.0 de los diarios de mayor tirada de Argentina

Durante un año, trabajé en una investigación comparada acerca de las herramientas 2.0 que ofrecen las versiones on line de los medios impresos más populares de Iberoamérica y EE.UU. Primero, pensé que los resultados podían ser publicados en una revista, pero luego, en conjunto con los colegas de los otros países concernidos por la investigación, regresamos a la idea original de que se convierta en un libro. Y así será. Aquí debajo un anticipo.

Hacia una participación 2.0

Los medios en línea y el “mercado del tiempo”

Nunca antes como ahora el avenir de los medios de comunicación ha estado tan estrechamente vinculado con la gestión de la relación con sus usuarios. Durante décadas, los medios expandieron el pacto de lectura con sus seguidores hacia un alineamiento más amplio de intereses comunes que desbordaron los límites tradicionales de lo informativo o lo ocioso, y enriquecieron las fórmulas iniciales y el carácter ideológico con componentes prácticos, como beneficios, acciones promocionales y un amplitud de servicios de creciente valor agregado que, a su vez, expandieron las fronteras de la comunicación publicitaria hasta límites desconocidos. Pero aun a los más exitosos de todas las épocas, la situación actual les resulta disruptiva. En la web, los públicos escapan con mayor facilidad al entramado comunicativo que los medios les ofrecen y recurren con demasiada asiduidad a otros canales, fuentes e interlocutores de diverso calibre mediático y legitimidad profesional. El usuario en línea, crecientemente hiperconectado, se ha transformado en alguien difícil de retener.

Nunca los medios tuvieron tanta dificultad en adaptar sus capacidades de gestionar la relación con los usuarios como ahora. El rendimiento del negocio mediático cada vez depende mas de ello. Si bien siempre fue cuestión de establecer una relación duradera con el lector, el televidente y el oyente, en apenas una década, éstos se han transformado en “usuarios” de un ecosistema cultural-mediático de límites borrosos cuya dinámica evade casi todas las normas tradicionales del anterior sistema. Esa dinámica afecta en primer término a las lógicas mediáticas que sustentaron la relación de los usuarios con los medios, forzadamente convertidos en proveedores de contenidos entre muchos otros.[1]

Si en el proceso de profunda transformación que viven los medios hay algo verdaderamente difícil de cernir por quienes tienen la responsabilidad del timón en la tormenta, es el cambio de comportamiento de los usuarios. En términos de gestión, cómo ajustar las capacidades, los procedimientos y las herramientas que vertebran la relación con sus usuarios durante este proceso de profunda transformación en las prácticas de consumo cultural. Los comportamientos cambian tan rápidamente que el movimiento de los medios hacia la contenidización, el enriquecimiento multimediático de los contenidos (content enhanced) y la multiplicidad de dispositivos y ventanas de explotación de los contenidos en la creciente ubicuidad[2], todavía no alcanza al usuario promedio. Algunas medidas satisfacen a unos o a otros, pero parece que ninguna de ellas alcanza a la mayoría o a una masa crítica suficiente para hacer sustentable el sistema. Es como si los esfuerzos siempre estuviesen desajustados con las expectativas de los usuarios y de los anunciantes. Los cambios mediáticos van detrás de la dinámica del consumo de contenidos en la red.

La gestión de la relación con los usuarios se ha complejizado exponencialmente al mismo tiempo que el mercado de los contenidos se ha unificado. Los genes mediáticos de los diversos competidores se hacen borrosos a la vista del usuario mientras que sus marcas off line ya no pueden preservarlos de las deserciones masivas o de la promiscuidad del consumo (6/10 consultan entre 2 y 5 webs para informarse, 1/10 consultan más de 5 y 1/5 sólo consulta regularmente uno)[3]. El juego consiste ahora en obtener la mayor cuota de espacio-tiempo en las pantallas dónde todos compiten contra todos sin distinción por su naturaleza de origen (TV, radios, medios impresos, etc.).

Las nuevas formas de codificación (multiplexado) e hibridación técnica (mash-up) permiten la partición de cualquier pantalla en centenas de espacios y capas, dónde se mezclan contenidos propios y externos, información periodística y, simultáneamente, ficción publicitaria, promociones personalizadas y temporizadas, publicidad contextualizada y ventanas de contenido que los usuarios abren y cierran según la pertinencia del mensaje, su estado de ánimo y su disponibilidad temporal. Apariciones de publicidad en espacios que el medio vende en forma directa, al mismo tiempo que mensajes interruptivos provenientes de centrales de medios interactivos pueden emerger al instante sin la intervención directa del medio, irrumpiendo en el diálogo y cohabitando sincrónicamente con infinidad de otros mensajes mediáticos, ofertas de participación y comentarios de los propios usuarios. Terceros que pagan derechos de servidumbre para ofrecer servicios y contenidos a los usuarios y usuarios que se desplazan sin cesar entre mensajes y servicios mediáticos y complementarios. Todos procuran capturar la atención del lector que practica el multisharing, dividiendo su escaso tiempo en fracciones minimales de atención sobre n piezas de contenido. Desde la perspectiva de la recepción y de su explotación publicitaria, los medios informativos fueron y son, cada vez más, considerados como “bienes de atención”. Todos los medios compiten en el mercado del tiempo.[4] En estas circunstancias, como siempre ha sido y será cuando los ingresos por publicidad cargan con la mayor responsabilidad en el modelo del negocio, el tiempo de exposición al mensaje es la variable sobre la que pretenden actuar todas las tácticas, mientras que la gestión de la relación con los usuarios se vuelve cada vez más la prioridad estratégica en todos los paradigmas.

La gestión de la participación del usuario como componente del sistema de CRM

Gestionar la relación con los usuarios en el universo on line supo ser, en un principio, una cuestión reservada a las áreas de marketing. El concepto de Customer Relationship Management (CRM) orientó todas las prácticas del marketing interactivo desde que éste cobró vida a finales de la década pasada. Con el tiempo, y con una sofisticación creciente de las formas comunicativas debido al encuentro sincrónico y multimediático de muchos actores sociales en la misma pantalla, los sistemas se volvieron obsoletos e inadecuados para hacer frente a la complejización de datos que deben gestionar y a la potencial explotación de la información que registran.

Además, se descubrió que la cuestión merecía un tratamiento más amplio que el brindado por las esferas del marketing. La comunicación empezó a ganar centralidad en las estrategias y en el rediseño de los sistemas de gestión de la relación con los usuarios. Con mayor o menor desarrollo, esos sistemas siempre comprendieron al menos tres áreas:

a)     Identidades, perfiles y accesos. Responsable de administrar las condiciones de uso de manera individuada, el mantenimiento del perfil de los usuarios, las disposiciones tecnológicas para controlar el acceso.

b)     Medición de audiencias. Capaz de auditar permanentemente el consumo individual y de distribuir la información registrada a los derechohabientes (puede ser la plataforma de distribución de contenidos, los proveedores externos, etc.). 

c)      Distribución de ingresos.  Responsable de administrar los ingresos que producen los usuarios y distribuirlos en función de los múltiples criterios convenidos con los diversos proveedores de contenidos y servicios, resultando de mayor interés cuánto más flexibles son los ingresos, es decir, mayor peso tiene la publicidad, las ventas de bienes y servicios, y mayor es la cantidad de proveedores.  

Estos sistemas, fundados en la tradicional lógica del CRM y de las estrategias de “Inteligencia de Negocio” optimizadas con complejas técnicas de data mining, no son adecuados para analizar algunas de las prácticas más difundidas entre los usuarios de los medios on line, en especial, la creciente participación. Teniendo en cuenta que se trata de contenidos no estructurados, escasamente o mal etiquetados, carentes de metadatos, y de calidad de producción incierta, la explotación del “contenido de usuario”, considerado en su acepción más amplia, puede demandar recursos que desbordan las capacidades de inversión de los medios y, en todos los casos, alejarse de los primeros objetivos que gobiernan estas estrategias, como la retención de los usuarios y la reducción de costos, por citar solo algunas de ellas. El nivel de aprovechamiento de estos datos estará en función, por ejemplo, de la instrumentación de herramientas de análisis de contenidos y análisis del discurso. Si estas capacidades contaran con un elevado nivel de desarrollo, las inserciones de publicidad contextualizada podrían ser tan eficientes como pueden serlo en el chat.   

La participación, vector de la innovación

Ante al retorno de las estrategias “freemium” sustentadas en la intuición del sector de que el estado de ánimo de los consumidores frente a las opciones de pago por los contenidos podría variar positivamente en el futuro próximo, parece adjudicarse a los espacios “participativos” una relevancia determinante en los nuevos modelos de consumo.

Es difícil lograr que los consumidores ingresen al contenido que está detrás de la página de “último momento” o la página principal de la sección preferida. Si bien en países como EE.UU. alrededor de seis de cada diez internautas acceden a la versión web de los periódicos tradicionales, su consumo de contenidos es muy limitado: en promedio, consumen 43 páginas de periódicos por usuario al mes, lo que representa menos de 1,5 páginas al día. En el caso de los líderes en el posicionamiento web, como el New York Times, el consumo de páginas por mes puede ser la mitad del promedio del sistema (22 págs./mes cuando el promedio es de 43).[5] En este contexto, es  natural que los modelos de negocio procuren innovar, aun cuando esto signifique “innovar en la tradición”, es decir, modificando suavemente ciertas variables, reinventándose a medida que se aproximan lentamente al modelo de “plataforma de servicios y de comunicación horizontal”. En esta reconceptualización, la mirada está puesta en la participación como un factor que podría ser clave para mejorar el interés y la retención de sus usuarios. Los usuarios, jugando un rol más protagónico, podrían hacer que el consumo de contenido se incremente y los ingresos por publicidad o por pago lo hagan en análoga medida.

En el contexto actual, los nuevos jugadores no dejan de influir hacia dónde los periódicos deben orientar sus propias estrategias participativas. El fenómeno denominado SocialNews[6] y las estrategias de Google respecto del acceso gratuito para el usuario a los contenidos[7] y a los servicios (cloud computing) de la web 2.0[8], han modelado un nuevo horizonte para los medios tradicionales en el que los usuarios tienen un rol protagónico. Las nuevas prácticas sociales se imponen a las fórmulas conocidas del negocio de la prensa informativa. Los modelos de negocio que se ensayan actualmente muestran, como nunca antes, una atención privilegiada a la segmentación de los públicos[9], a la perspectiva de los usuarios[10] y a la relación con los anunciantes a través de las agencias de publicidad, con la finalidad de llegar con discursos más apropiados a los lectores[11], mientras que las simulaciones demuestran las dificultades en mantener y aumentar el rendimiento económico de las versiones en línea cuando se incorporan zonas cerradas y pagas. La reflexión acerca de cómo optimizar las estrategias de relacionamiento con los usuarios de los periódicos[12] data de varias décadas atrás, pero se ha acentuado en los últimos años.[13] En términos generales, al igual que para cualquier organización de cualquier sector industrial, las preocupaciones están cada vez más centradas en “valorizar” la relación con los usuarios, en cómo el resultado puede variar en los diferentes ciclos de vida de esa relación, y en identificar las estrategias de maximización de su rendimiento de acuerdo a la evolución del comportamiento de cada usuario.[14] En la era de la participación, pronto será inevitable incorporar en el cálculo económico del rendimiento de los usuarios, el valor de lo que genera, introduce y comparte como contenido o fruición[15]. En otros términos, qué capacidad de construir y generar comunidad tiene, cuánta audiencia genera o retiene, cuánto costo reduce. 

En la práctica, más temprano que tarde, la disciplina tenderá a reconocer el valor económico de estos espacios, donde los autores, periodistas, editores, pero también marcas y empresas, entran en diálogo (“mercado de conversaciones”[16]) abierto con los usuarios. No existe, sin embargo, una única tendencia en herramientas de participación ni una forma cierta de obtener un rendimiento monetario de esas actividades. Los medios se hacen más participativos, es verdad. Pero no emerge un concepto o un paradigma único que indique el camino a seguir en la materia.

Los intercambios abundan entre el medio y los usuarios, pero aun no existe una fórmula matemática que exprese el impacto de la implementación de herramientas 2.0, la dimensión del esfuerzo participativo y el rendimiento económico resultante. Tampoco existe un cálculo que relacione el costo de las herramientas, de las intervenciones automatizadas y no automatizadas del medio, incluyendo la moderación, y la pérdida de atención del usuario en los contenidos y servicios monetarizables, con la disminución de costos al aumentar la dosis de contenidos generados por usuarios[17]. Tampoco lo hay que relacione esa suma de costos y ahorros con otros factores de fidelización más tradicionales, como la calidad, el precio o la disponibilidad. Al mismo tiempo, es rigurosamente cierto que la fidelización, en todas sus modalidades y expresiones, es un factor clave en el devenir de las industrias de contenidos cuando se trata de jugar en un universo de comportamientos tan promiscuos.

En un marco de creciente resignificación social de los medios, innovar es ya una necesidad para todos, independientemente del posicionamiento, share o valor de la marca. En los procesos de innovación, es difícil detectar organizaciones que no contemplen la “participación” de los usuarios como uno de los principales vectores para explorar nuevos modelos de negocio. Por eso, los sistemas de gestión de la relación con los usuarios tienden a rediseñarse con espacios participativos que abandonan progresivamente la periferia, despojándose de lo que supo ser en una primera instancia su principal característica, el ser espacios “no monetarios”, para ser crecientemente sometidos a las reglas de la publicidad “de acompañamiento” al igual que los demás espacios informativos. En esta traslación de la periferia a la centralidad, la “participación” como fenómeno cultural, social y económico, presiona los sistemas CRM para encontrar un lugar propio que le adjudique, al menos, el mismo peso relativo que a las otras variables, el valor de una cuarta dimensión, aquella encargada de gestionar la participación de los usuarios en la plataforma, convertida así en un sistema de conversaciones en comunidades[18].


[1] Igarza, R. Nuevos Modelos de Negocio. Workshop “La gestión de contenidos en la Sociedad Globalizada”. Universidad Austral. Buenos Aires, 6 de noviembre de 2009. Puede consultarse en [video parcial, editado] http://www.youtube.com/user/UniversidadAustral.

[2] En función de su situación de partida (liderazgos, capacidades de inversión y de innovación, flexibilidad y capital de talentos, entre otros muy diversos factores), cada organización está obligada a diseñar su propio plan de transición en la Convergencia. Por razones de economía de esfuerzo y de planificación, los paradigmas de transición suelen poner más énfasis en alguno de los siguientes cuatros cuadrantes: multimediatización, contenidización (fragmentación, unidades de distribución y comercialización desagregadas, conversión de formatos, etc.), conversación (participación) y ubicuidad (múltiples ventanas de explotación o dispositivos). Por analogía, puede analizarse el caso de los medios gráficos con la industria editorial. Igarza, R. eBooks. Hacia una estrategia digital del sector editorial. CAL. Buenos Aires, marzo 2010. pp. 145 y ss. Consultado en http://www.librosargentinos.org.ar/Ebook/informe-cal-preliminar.pdf 19 de junio de 2010.

[3] Fuente: Pew. Encuesta realizada en EE.UU. en mayo de 2010. Pew. Understanding the Participatory News Consumer. How internet and cell phone users have turned news into a social experience. Pew Research Center’s Project for Excellence in Journalism. Publicado el 1º de marzo de 2010. Consultado en http://www.journalism.org/analysis_report/understanding_participatory_news_consumer el 19 de abril de 2010.

[4] Nieto, A. Time and the Information Market. The Case of Spain. Media Markets Monographs. Pamplona, 2000. pp. 119-155. Citado en “Algunas consideraciones sobre la gestión de productos y contenidos de los medios”. En Comunicación y Sociedad, vol. XVII, n. 2, 2004, pp. 9-44.

[5] Fuente: Comscore. Consultado en http://www.comscore.com/Press_Events/Press_Releases/2010/6/The_New_York_Times_Ranks_as_Top_Online_Newspaper_According_to_May_2010_U.S._comScore_Media_Metrix_Data el 3 de junio de 2010.

[6] Goode, Luke. Social news, citizen journalism and democracy. En New Media & Society, Vol. 11, No. 8, pp. 1287-1305 (2009). DOI: 10.1177/1461444809341393. Consultado en http://nms.sagepub.com/cgi/rapidpdf/1461444809341393v1.pdf el 9 de enero de 2010.

[7] Ver GoogleNews y su aplicación en ventanas con iGoogle. Además, Google ensaya una fórmula de pago con ingresos compartidos denominada FastFlip que puede verse en fastflip.googlelabs.com.

[8] Ver, por ejemplo, MacKinnon, Rebecca (Center for Information Technology Policy, Princeton University Co-Founder, Global Voices Online). Testimonio. En “The Google Predicament: Transforming U.S. Cyberspace Policy to Advance Democracy, Security, and Trade”. Committee on Foreign Affairs, United States House of Representatives. Washington, 10 de marzo de 2010. Consultado en http://www.internationalrelations.house.gov/111/mac031010.pdf el 18 de marzo de 2010.

[9] WAN-IFRA. Publishing to targeted audiences. Vol. 9, report N° 1. World Association of Newspapers. 2009. Consultado en http://www.sfnblog.com/industry_trends/Publishing%20to%20Targeted%20Audiences.pdf el 18 de noviembre de 2009.

[10] PWC. “Consumers’ Perspective”. En Moving into multiple business models. Outlook for Newspaper Publishing in the Digital Age. PWC. 2009. pp. 14-23.

[11] WAN. Building relationshipx with advertising agencies. Vol. 8, report N° 2. World Association of Newspapers. Publicado en enero de 2009. Consultado en  http://www.sfnblog.com/industry_trends/Building%20Relationships%20with%20Advertising%20Agencies.pdf el 5 de mayo de 2009.

[12] Jornet, Carlos. Gestión Periodística. Heramientas para lograr un periodismo efectivo y de calidad. Prometeo. Buenos Aires, 2006. Cap. IV. La administración de las relaciones. Pp. 124- 142.

[13] Ver por ejemplo el informe de la World Association of Newspapers. WAN. Successful Customer Relationship Management. Shaping the future of newspaper. World Association of Newspapers. WAN. 2001. Consultado en http://www.wan-press.org/article660.html el 8 de octubre de 2008.

[14] Villanueva, J. y Hanssens, D.M. “Customer Equity: Measurement, Management and Research Opportunities.” En Foundations and Trends in Marketing. Vol. 1, No 1, 2007, pp. 1–95. DOI: 10.1561/1700000002. Consultado en http://www.eticayempresa.com/archives2/customer_equity.pdf el 4 de enero de 2009.

[15] La información como la fruición es cada vez mas compartida virtualmente. “[…] se produce una transformación en profundidad del sistema de referencias para el consumo sustentado en una participación mucho mayor del propio usuario en el sistema referencial, en las recomendaciones y en la calificación.” Igarza, R. “La fruición participativa.” En Burbujas de ocio. Nuevas formas de consumo cultural. Ed. La Crujía. Buenos Aires, 2009. pp. 177-181.

[16] Van Peborgh, Ernesto. Odisea 2.0. Las marcas en la web 2.0. Futuribles. La Crujía. Buenos Aires, 2010.

[17] Algunos análisis indican que pronto los contenidos de toda naturaleza (texto, imagen y sonido), género y finalidad (ocio, profesional), producidos por los usuarios tendrían un volumen superior al 25% del circulante total por las redes.

[18] Briggs, Mark. Periodismo 2.0. Una guía de alfabetización digital para sobrevivir y prosperar en la era de la información. J-Lab. Instituto de Periodismo interactivo. University of Maryland. p.34. Consultado en http://issuu.com/coberturadigital/docs/guiadeperiodismoonline el 2 de mayo de 2009.

22
ago
09

Redes: Premisas para la transición hacia un modelo de pago

En entradas recientes, he tratado de explicar cómo las redes sociales empoderan a los usuarios, especialmente a aquellos que son capaces de convertir la revancha que los motiva, la queja o el reclamo que persiguen, en un contenido audiovisual, breve y divertido. Hemos comentado además las facilidades que ofrecen las redes para amplificar los reclamos y las protestas y movilizar usuarios que, bajo el paradigma de los medios tradicionales solía no participar. Ahora, estos usuarios pueden, con facilidad, “adherir” a un grupo detractor o peticionante acrecentando la fuerza de grupos que, en muchas ocasiones, se componen de miles, decenas o centenas de miles de voces que ahora abandonan el silencio en el que han estado confinadas por siglos. El resultado puede afectar seriamente la reputación de personas, marcas y organizaciones.  

En la entrada anterior, proponía imaginar las condiciones de un nuevo paradigma basado en la posibilidad de que, bajo ciertas premisas, la integración de las comunidades en las redes sociales podría seguir leyes diferentes respecto de las que se vienen aplicando hasta el presente. Tal vez, la regla más disruptiva respecto del actual comportamiento consiste en que no todas las adhesiones serían gratuitas para el usuario. En realidad, la propuesta es mucho más compleja y multidimensional. Propongo analizar qué condiciones deberían darse para dinamizar las formas actuales de “adhesión” que consisten en considerar a todos los nodos por igual, facilitando un acceso gratuito a todos los grupos y para todos los usuarios, prácticamente sin discriminación.[1] Bajo este nuevo paradigma, la relación usuario-grupo-red se dinamiza siguiendo reglas y principios económicos y sociales que pueden ser medidos cuali-cuantitativamente.

Esos principios se traducen en variables que el usuario debe analizar para elegir entre los grupos cuál es el que mejor responde a sus intereses. Estos indicadores son:

a) el costo de la adhesión (si es pago, cuál es el costo).

b) las condiciones de ingreso (perfil exigido, relación con el líder o la temática, quien lo presenta).

c) las condiciones de pertenencia (condiciones para seguir perteneciendo):

c.1) cantidad mínima de accesos al grupo por unidad de tiempo;

c.2) exigencias de cantidad y calidad para sus intervenciones;

c.3) cantidad y perfil de nuevos adherentes que presentó en el período;

c.4) costo del mantenimiento.

d) las características del líder (administrador/propietario) del grupo:

d.1) nivel de referencia social (off line + on line);

d.2) actitud de compromiso (cantidad y calidad de intervenciones);

d.3) capacidad de animar el intercambio dentro del grupo;

d.4) capacidad de vincularse con los miembros.

e) las características de los miembros:

e.1) perfil del colectivo (según las características del grupo puede ser el perfil profesional, los conocimientos del tema, etc.);

e.2) comportamiento colectivo en la virtualidad (indicadores que describen el tipo de participación promedio, la frecuencia de las intervenciones, etc.) y en el mundo off line (los vínculos que mantienen en la realidad);

e.3) capacidad de vinculación (cuántos miembros son “amigos”, a qué otro grupo pertenecen).

e.4) perfil de los adherentes más recientes (informa acerca de la evolución dinámica del grupo);

f) la cantidad y calidad de las participaciones:

f.1) pertinencia;

f.2) carga informativa;

f.3) capacidad de ampliación;

f.4) capacidad de entretenimiento (carga audiovisual, género y formato de las intervenciones).

g) los beneficios de pertenecer:

g.1) calidad de los vínculos sociales;

g.3) acceso a promociones y otras ventajas dentro de la misma red, en Internet y en el off line;

h) el nivel de reserva y confidencialidad:

h.1) nivel de información accesible para los otros miembros;

h.2) nivel de información que la red social garantiza respecto de los miembros hacia fuera del grupo;

i) nivel de control (moderación, filtrado).

j) la carga publicitaria.

Si lo analizamos desde la perspectiva de un mercado abierto con mucha oferta y mucha demanda, para que el usuario pueda elegir, los indicadores que informan acerca del grupo deben ser suficientemente transparentes. Pero es evidente que se trata de una transacción comercial y, por lo tanto, las estrategias informativas las determinará el grupo y la plataforma en función del acuerdo comercial que los relaciona. Allí quedará pautado el tipo y nivel de información que proveerá la plataforma acerca del grupo.

Los criterios que propongo considero que pueden ser traducidos en Indicadores Objetivos Verificables (IOV) lo que contribuiría a fijar las reglas para una evaluación económica de los grupos. Los modelos pueden sustentarse en una distribución diferente del peso relativo de los indicadores. En una primera aproximación, diría que, por el momento, y considerando su aplicación para un caso de grupos en redes genéricas, como Facebook o MySpace, las variables que más influirían serían: el costo de la adhesión, la capacidad de entretenimiento, las características del líder y los beneficios de pertenecer.

Un modelo de negocio intermedio podría fundarse en los indicadores “h) el nivel de reserva y confidencialidad” y “j) la carga publicitaria” para su financiamiento. Podría tratarse de un grupo cuya membresía tiene restricciones pero es gratuita, y cobrarse más cuanto más preservada está la información acerca de quién es y cómo se comporta. Quienes están en condiciones de pagar, tendrán más confidencialidad (menos información será comercializada) y consumirán menos publicidad. Se trataría de un modelo discriminatorio que conlleva una diferencia entre quienes pueden pagar y quienes no. Volvemos a la idea de acceso diferencial a la información a la que nos acostumbró la televisión de pago. ¿En qué medida podría evitarse una nueva etapa de redes sociales a dos velocidades? Teniendo en cuenta el peso de la publicidad en estos modelos de negocios, ¿es posible escapar a una réplica aumentada de los modelos off line que ya conocemos?

Adherir a un grupo, solo constituye por ahora un antecedente que informa acerca de quién es el agente-usuario que está detrás del actor. Todavía no ha llegado el momento en el que haber pertenecido será tratado como un antecedente social, una información secreta o pública respecto de sus intenciones políticas o culturales, que puede ser usada -aun no sabemos bien los límites de los usos ni el colectivo de usuarios que podrán acceder- con finalidades que escapan al ámbito al que el usuario pensó inscribirse cuando se declaró fan.

Desde hace poco, alguien sabe con nombre y apellido quién es fan de quién, cuándo decidió hacerse fan, de qué grupos participa y cómo participa. Todas las dudas incomodan y, de lo que acabo de señalar, es natural que surjan muchas más dudas incomodantes aun. Lo interesante es que varias centenas de millones de usuarios de redes sociales parecen no inquietarse demasiado de ello. Por el contrario, no estar es lo que más les incomoda.


[1] En la práctica actual, sólo la “amistad” debe ser aprobada por el destinatario de la petición.

20
ago
09

Elementos para una apreciación económica de los fans y los grupos en las redes sociales

Para que las prácticas sociales en las redes continúen incrementando su influencia entre las formas de comunicar y consumir contenidos, deben darse dos condiciones.

1. Ser fan, miembro o amigo no tiene costo para el usuario

Para que esta condición se de, la publicidad debe ser suficiente para que las redes sociales alcancen el break even. Esto implica demostrar que, inmersos en una Economía de la Atención Escasa, las redes sociales son mucho más efectivas en la exposición a la publicidad interactiva y en las estrategias de tipo BTL. Lo segundo, más que lo primero, presenta serias dudas. Aun si fueran más eficaces las redes sociales, esta perspectiva podría carecer de sustento si admitimos que la torta publicitaria no podrá crecer demasiado y es más inercética de lo proyectado. Por lo tanto, si la publicidad no alcanzase para satisfacer los objetivos financieros de las redes sociales, éstas podrían decidir cobrar por las “adhesiones” en el afán de monetizar sus actividades.

Utilizando la categoría primaria “grupo” de manera amplia (adherentes a un grupo, fans de una persona, marca u organización, personas agrupadas por “amistad” con otra), el modelo de negocio que imagino se parece al de un proveedor de contenidos asociado a un carrier. En este caso, el proveedor de contenidos será el administrador (owner) del grupo y, por extensión, todos los miembros, y el carrier, la plataforma social. Imaginemos por un momento que el paradigma de la “adhesión” gratuita ya no existe y que en función de determinadas variables, la adhesión tiene un costo para el usuario que desea incorporarse. Desde esta perspectiva, en un modelo flexible, y no imagino otro, cada adhesión “paga” dejaría un pequeño rédito económico para el “dueño” (propietario-generador del grupo, referente social alrededor del cual crecen las “amistades”[1]), el iniciador, y un ingreso para la plataforma. Claro que estamos hablando de una etapa en la cual el usuario está dispuesto a pagar por “pertenecer” a un “grupo selecto”. Por supuesto, no será el caso de todos los grupos, pero puede darse el caso de algunos, una minoría, que sí estén condiciones de fijar una contraprestación por el acceso. Esto solo se dará si el usuario siente que accede a un espacio de entretenimiento, no de comunicación interpersonal, y si allí encuentra los vínculos sociales apropiados. Muchas veces, los usuarios se interesan por determinados temas que son tratados por grupos cuyos componentes no resultan pertinentes desde el punto de vista “social”, o eficaces respecto de sus fines, como sí puede ser el caso de los grupos en entornos más profesionales como LinkedIn. La composición del grupo será cada vez más la clave del éxito. Muchos grupos tratan temas que me interesan, pocos o ninguno tienen una composición interesante. El futuro de las revistas, en general, y de nicho especialmente, está vinculado a la evolución que sigan estos modelos de comunidades. Los grupos de las redes sociales son un componente inexorable del paradigma de transición que cada revista debe establecer de acuerdo a sus particulares condiciones para la Convergencia. 

Explorando con más profundidad este esquema, no es descabellado pensar que los usuarios del grupo que participan con comentarios reciban una compensación por ello. Aquellos que alimentan con “contenido” al grupo, podrían recibir más cupones de promociones y descuentos, y otro tipo de beneficios como, por ejemplo, no tener que abonar el costo al incorporarse en otros grupos, elegidos de una lista sugerida, lo que favorece el modelo crossing-up endogámico de las redes. Más ejerce de prosumidor, más empodera la red.

No es el momento aun para una implementación de modelos de este tipo en forma masiva, implicando por igual todo tipo de grupo, contenido y participantes. Pero, tal vez, habrá que considerar la posibilidad de alguna puesta a prueba con los grupos de mayor “valor red”. Quedan por determinar los criterios para esa valorización y es tarea investigativa ineluctable para aquellos que quieren revisar el concepto de medio social desde una perspectiva más sustentable.

2. Aumente la calidad de las participaciones

Habrá que encontrar modelos en los que se reconozca la combinación de cantidad y de calidad de las participaciones como un factor de pertinencia, de targetización y de efectividad del modelo. La calidad de las participaciones depende de tres factores:

a)      las condiciones de ingreso y, sobre todo, de pertenencia: discrecionalidad para decidir quién se incorpora y cuáles son las condiciones para seguir perteneciendo, p.e. cuántas veces debe ingresar cómo mínimo, el perfil de los nuevos adherentes que presenta, cantidad y calidad de las participaciones;

b)      el liderazgo del administrador/propietario: actitud y compromiso del líder;

c)      los miembros que componen el grupo: perfil y comportamiento en la virtualidad y en la realidad.

Habrá que distinguir aun entre los fans de personas, marcas o productos, de los grupos de interés o reclamo. Aun cuando, en una primera aproximación, las condiciones primarias podrían ser las mismas para todos los casos, detengámonos en el caso de los grupos.

Las redes irán en búsqueda de los referentes, aquellos que pueden sostener un grupo por su fama, off line u on line, por su liderazgo social, la capacidad de influir en la toma de decisiones o el valor innovativo de su propuesta, el tratamiento que le da a la problemática, el género y el formato que emplea. Un grupo cuyo líder (owner) es un “referente social” puede cautivar más, al menos, entre aquellos migrantes que, por primera vez, buscan en la red algo que sea significativo para ellos. El valor del líder puede no ser determinante, sobre todo en el caso de los que buscan el reclamo colectivo. Pero, en muchos otros casos, el hecho de “conversar” o tener como “amigo” a un referente social es, sin duda, más relevante socialmente y más significativo para los que se mueven bajo el paradigma del conectivismo. Esta teoría aprecia el valor networking de las personas en función de “nodo” que se conecta y, por lo tanto, la relevancia de los “amigos” es un elemento principal. En definitiva, para el conectivismo, “el conocimiento reside en los “amigos””. 

Tanto las estrellas del viejo sistema cultural-mediático como los provenientes de los nuevos medios deberán adaptarse a un nuevo rol. Obviamente será más fácil para los segundos. Bloggers como Amartino o Mancini, entre otros, consiguen distinguirse claramente como referentes nativos entre los usuarios de la red y sabrán cómo situarse en este nuevo microuniverso. Ellos están más próximos a un mundo plano aunque igualmente el modelo exitoso que han aplicado siga fundándose en un texto central al que los comentarios se adicionan. En el modelo más plano de las redes sociales, dónde todos son pares en la apariencia, el texto central desaparece y la construcción es más plural con una actividad del “referente 2.0” a mitad de camino entre moderador y animador de foros, y estrella cuya vida y opinión es lo que motoriza todo a su alrededor como en el viejo sistema mediático.

La primera etapa sólo trató de empoderar las comunidades a través de la cantidad de adhesiones y no la calidad de las participaciones. Para la segunda etapa que estamos poco a poco iniciando, han quedado pendientes muchos interrogantes, pero existe uno que indica el camino a seguir: cómo influye la calidad de las participaciones en la fidelización de los miembros al grupo y a la red. Las numerosas personas que abandonan las redes por considerarlas ininteresantes no hacen referencia a las facilidades de comunicación interpersonal, si no a la falta de ajuste en las expectativas respecto de las participaciones de las demás personas en los grupos.   

Desde una perspectiva más pragmática, el principal problema sigue siendo ¿cómo monetarizar el valor de esas relaciones? Cuando digo monetizar lo hago pensando de manera amplia en las formas de hacer rentable el negocio para las plataformas, el rédito social y, por qué no económico, de los participantes. En otros términos, ¿cuánto vale una red, un grupo, un liderazgo? Para responderlas, deben encontrarse previamente respuestas a otras preguntas como ¿cuánto participan los fans con comentarios?, ¿qué tipo de intervención hacen en cuanto a la calidad discursiva y el valor informativo?, ¿qué tipos de diálogo se establecen de manera horizontal?, ¿en qué sentido crece el grupo en cuánto al perfil de sus usuarios?


[1] Mientras la palabra “amistad” no pueda ser reemplazada por un término nuevo, que denomine al nexo que vincula a las personas-nodos como algo más que “contacto” sin alcanzar el rango de amistad como la hemos entendido hasta ahora, estaremos en problemas. Las taxonomías ordenan y el léxico es, en definitiva, la taxonomía primaria a la que más apelamos.

18
ago
09

¿Cuál es el valor económico de un fan?

Considerar que la red atrae a los usuarios porque allí pueden ser protagonistas, activos y partícipes es una falacia. No es así para un amplio segmento de los internautas. La red atrae los usuarios por muy diversas razones. Entre las principales, destaca la posibilidad de comunicar, compartir y encontrar lo que busca y a quien busca, es decir, la red tiene la capacidad para ofrecer una respuesta a casi todos los interrogantes que el usuario puede tener. Esta facilidad no obliga al usuario a demasiada actividad. Para muchos, la interactividad es, sobre todo, la posibilidad de una navegación no lineal, la inmediatez, la ampliación (+más información), pero no significa una participación como protagonista, coautor o algo que se le parezca.

En las redes sociales, las prácticas se replican a nivel de las comunidades. Para una primera distinción, basta con identificar dos grandes categorías de usuarios. Por un lado, los activos, los inspiradores, quienes encienden la llama, más próximos al perfil de protagonista, toman la acción en sus manos, deciden iniciar un grupo, pueden ser líderes socialmente reconocidos que trasladan a la red su fama anterior o se convierten en líderes sociales gracias a la red. Por otro, los “seguidores” (followers), “amigos” silenciosos, miembros de la comunidad que sólo leen, una especie de “voyeurs” admitidos que todos saben que existen y todos aceptan su comportamiento de manera cómplice. En definitiva, aquí como en el off line, la tirada sigue siendo lo importante. 

La situación actual está fuertemente determinada por la facilidad que ofrecen las redes para convertirse en “fan” o miembro de un grupo. En la situación actual, la avalancha de adhesiones puede alcanzar en algunos casos un tamaño realmente impactante.

pag 1 capusotto

pag 2 capusotto

Capusotto en Facebook: 3 páginas, 1 de 273.000 y otra de 164.000. 66 grupos, 3 con más de 1000 miembros, el resto se reparte en partes análogas en grupos de 20 a 100 personas y de 100 a 300.

Como sucede casi siempre en la red, cuánto más grande sea la comunidad y más rápido sea su crecimiento, más funcionará el grupo como un imán para atraer descontentos o seguidores, según el caso. Cuando se trata de reclamar, el megagrupo suele convertirse en un colectivo amorfo donde pocos saben bien las reales causas de por qué es el reclamo. Lo que importa es que esté claro el destinatario de la protesta y el agente social convocante. Una amplia mayoría de los miembros podría simplemente estar allí por su “enemistad” coyuntural con la marca, la empresa o la persona, enemistad que los ha llevado a “adherir” a la “manifestación” con liviandad y en silencio, el mismo que practicó la mayor parte de su vida de usuario para no demandar a la prestataria cuando hacía mal las cosas. Mientras el costo de convertirse en fan o miembro de un grupo sea igual a cero y la “adhesión” sea casi inmediata y sin barreras, el fenómeno viral seguirá expandiéndose. Antes de continuar, y como forma de simplificación primaria, asimilaré en la categoría “grupo” tanto a a) los adherentes a un grupo, b) los fans de una persona, marca u organización, c) los grupos de “amistad” que conforman aquellos que se admiten mutuamente como “amigos”. Nunca antes había quedado tan transparente la pluralidad de identidades entre las que nos movemos cotidianamente.

Esto nos interpela desde, al menos, dos perspectivas económicas diferentes. La primera, el valor económico de los grupos desde la óptica del análisis del riesgo: ¿qué daño real el grupo está en condiciones de producirle a la reputación de la persona, organización o gobierno? La segunda, ¿cuál es el valor económico de los grupos para la red social en la que actúa el grupo? ¿Cuánto cuesta adquirir un nuevo fan? ¿Cómo apreciar el rendimiento económico de los fans para la red, para el resto de los miembros y para la organización afectada por su actividad en la red? En definitiva, cómo determinar el valor económico de cada fan o miembro. Esto nos llevará a determinar el valor económico de cada grupo al que pertenece y al valor de la red social que utiliza como plataforma. Con dos salvedades: el usuario utiliza cada vez más varias redes sociales (60% de las personas que regularmente usan MySpace, también usan regularmente Facebook y, en sentido contrario, el 24% de los usuarios de Facebook usa MySpace) con comportamientos que no son uniformes cuando pasa de una a otra y que el comportamiento es además diferente en los diferentes grupos a los que adhiere en carácter de fan o miembro. En otros términos, todo análisis deberá hacerse teniendo en cuenta la triple relación: fan-grupo-red social. Esa relación triangular es, además, dinámica, varía en el tiempo.  

Los agentes sociales que participan de una comunidad virtual son muy diversos: la plataforma red social, los fans o miembros que simplemente adhieren (leen pero no introducen contenidos), los fans o miembros que participan con contenidos, las organizaciones involucradas por las acciones de los fans, las otras plataformas que se articulan por los contenidos de usuario, tanto las que reciben tráfico como p.e. YouTube, como las que dirigen usuarios.

Las teorías alrededor del click through ya han intentado explicar el valor económico de la circulación del usuario entre plataformas. Pero el fenómeno de entonces, que condujo a la generación de la burbuja dotcom y a su posterior explosión, ya no es el mismo por muchas razones. Ahora, además, la perspectiva desde la cual se trata de analizar las prácticas actuales deben priorizar y concentrarse en el valor económico de las comunidades virtuales y no en la cadena de valor del tráfico entre plataformas. 

Por el momento, la publicidad sólo ha podido hacerse cargo de parte de los costos de las redes sociales y, para muchos, es un mercado aun demasiado inmaduro para lograr una consolidación de los players y una distribución consolidada de los ingresos por publicidad. Si la publicidad es incapaz de solventar los costos de las plataformas de redes sociales, menos aun podrá reconocer los “costos” de los otros agentes sociales que participan como protagonistas, aquellos sin los cuales no habría negocio, usuarios que pasan su tiempo, en la mayoría de los casos, sin otra finalidad que comunicar, conocer o protestar, sin buscar un rédito económico. La cuestión es ¿cuánto tiempo puede disponer una persona para participar sin obtener en contrapartida una remuneración? Si las redes son verdaderas plataformas en las que los intercambios comunicativos entre usuarios dejan cada vez más espacio al consumo compartido de tiempo ocioso, ¿cuánto contenido propio están dispuestos a compartir sin que haya una contraprestación? Estas preguntas pueden encontrar una respuesta primitiva en la exitosa fórmula Wikipedia dónde muchísimas personas, cada vez más, aportan sus contenidos sin demandar nada a cambio. Pero, en profundidad, la respuesta es mucho más compleja. Sería ingenuo pensar que el modelo Wikipedia es replicable por dos razones: Wikipedia construye un conocimiento estructurado, categorizado de forma que facilita el uso, y es utilitaria, cumple una función social diferente. Hasta podría afirmarse, evitando la trampa inocente de la web free, que reemplaza “el costo de obtener información estructurada” a través de fuentes tradicionales. Sabemos las demás virtudes de la fórmula Wikipedia como la rapidez (velocidad) en cubrir dinámicamente la evolución de los hechos sociales, culturales, políticos y tecnológicos (exhaustividad), el enfoque plural (diversidad) y la aproximación a los detalles particulares y a las minorías (proximidad). Podríamos incluso pensar que los que contribuyen con contenidos a la construcción de Wikipedia están teniendo un rédito social (la coautoría) aunque sin mayor notabilidad. Es más una percepción, un sentimiento o un desafío: lo que introduzco será contrastado, aprobado o rechazado. 

En gran medida, esto nos lleva, una vez más, a analizar la redistribución de los tiempos de ocio y la potencialidad de los tiempos muertos. Mientras las plataformas de redes sociales sirvieron únicamente para la comunicación interpersonal (una nueva forma de comunicación colectiva sin costo gracias a un carrier “amable”), ni los usuarios ni los otros nuevos medios de comunicación se interrogaron acerca del valor económico de las redes sociales. El problema hoy surge por el tiempo que pasan los usuarios en las redes va obviamente en detrimento del consumo de otras plataformas y actividades en la red y fuera de la red. El valor que adquieren las redes se hace en detrimento de los demás. En una primera aproximación, podemos señalar que, en términos globales, los usuarios pasan 5 a 6 veces más de tiempo durante el día en los medios sociales que en cualquier otra plataforma. Es escaso el tiempo que pasan en el buscador de Google y, aun si ingresan seis o siete veces por día a la página de último momento de su fuente de información online preferida (versiones on line de los medios tradicionales y nuevos medios nativos), ninguna otra aplicación web ocupa el espacio-tiempo que tienden a ocupar las redes. Si éstas continúan a acrecentar su polifuncionalidad incorporando nuevas capacidades (el acercamiento entre redes y microblogging, y redes y plataformas de videosharing), la porción de tiempo que las redes ocupan en la vida de los más jóvenes podría seguir expandiéndose.

En ese contexto, debe responderse la siguiente pregunta: ¿cómo puede monetizarse la función socio-comunicativa que cumplen las comunidades virtuales? Para responder, sostengo que, primero, deben construirse modelos para apreciar el valor económico de los grupos que funcionan en las redes sociales. Solo así, se podrán encontrar sólidos modelos de monetarización y de desarrollo sustentable.




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