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Nov
07

¿Por qué todo lo que pueda ser digital y móvil lo será?

El conocimiento científico-tecnológico ha ingresado en una espiral de crecimiento exponencial. El saber humano se expande a gran velocidad. Como nunca antes, la frontera del conocimiento se desplaza constantemente. Cada vez se amplían más las fronteras de lo posible y es más difícil diferenciar lo que es el fruto de la imaginación humana de lo que puede ser realmente factible en un futuro próximo. Pero esta capacidad aumentada que hace que tengamos la sensación de saber hacia dónde vamos, aquello que la Humanidad es capaz de alcanzar en el futuro visible, no es tan útil ni práctica a la hora de proyectar cuándo los cambios se producirán. Nos resulta aun extremadamente difícil saber cuándo los objetivos considerados factibles acontecerán, sobre todo cuando se trata de cambios culturales y sociales. Hemos demostrado más pericia para saber lo que vendrá que visión acerca de los plazos de cuándo sucederá. Como decía Arthur Clarke, a quien se le adjudica haber tenido la idea de un sistema satelital geoestacionario poco después de la segunda guerra mundial, lo que resulta muy difícil es saber cuándo los próximos cambios tendrán lugar. Cuando propuso sus ideas acerca del sistema satelital, afirmaba que podría realizarse en “algunas pocas décadas”, lo que era más una premonición que el resultado de una proyección científica. En la práctica, en solo dos décadas el sistema que había imaginado ya estaba funcionando.[1] Esta incerteza es más evidente en el campo de las comunicaciones. Somos esencialmente una especie urgida por la comunicación. Si algo es tecnológicamente factible, lo será. Si ese algo promueve la comunicación entre las personas, lo será antes de lo proyectado. Y como nada o casi nada es actualmente tecnológicamente irrealizable, si su concreción promueve la comunicación entre las personas, aun cuando implique una forma de hacerlo desconocida hasta ahora, tiene más posibilidades de concretarse con anterioridad a lo presupuestado que las innovaciones tecnológicas destinadas a la mejora en la producción o a la conquista del espacio.

Internet es un éxito aunque su historia esté repleta de fracasos. La caída estrepitosa de marzo de 2000 con la explosión de la burbuja que representó el crash bursátil más grande de la historia evidenció las dificultades para entrever y ajustar expectativas y rendimientos de las innovaciones tecnológicas. Todos creían saber que Internet era el futuro y no estaban errados. Pero el plan ficcional del pensamiento utópico y del determinismo tecnológico se potenciaron para motivar la mayor ilusión global después del viaje a la Luna en los años 60. El error consistió en mal dimensionar los plazos, no la orientación. De hecho hoy, las tecnologías de Internet han demostrado cómo, prácticamente sin distinción, las diferentes civilizaciones y culturas humanas contemporáneas pueden adoptar rápidamente y apropiarse significativamente del útil tecnológico cuando éste introduce una facilidad para comunicar. Las tecnologías IP introdujeron mejoras sutanciales en muchas actividades humanas y un verdadero cambio de paradigma en muchas de ellas. Pero sus capacidades como plataforma de nuevos medios de comunicación humana atravesaron y superaron en mejores condiciones la debacle de 2000. El correo electrónico revolucionó la comunicación interpersonal y produjo un retorno impensado al intercambio epistolar después de dos décadas de crecimiento exponencial de la comunicación oral-telefónica. Las tecnologías IP que más se desarrollan son las que tienen  un estrecho vínculo con la comunicación interpersonal. Los medios sociales sobreabundan y la mensajería instántanea no cesa de crecer, mientras la telefonía por Internet (Voice on IP) fuerza las reglas tradicionales del mercado telefónico. Internet está y seguirá estando en el centro de cualquier estrategia de convergencia en el ecosistema mediático. No caben dudas tampoco de su rol protagónico como plataforma metamediática para el desarrollo de la comunicación globalizada entre personas y grupos. Pero su éxito no debe esconder una historia que demuestra cuan dificil es establecer plazos para los cambios, sobre todo, cuando se trata de la adopción de nuevas formas de mediatización de la comunicación humana.

La historia de la telefonía móvil (TM) no puede ser comparada con la historia de Internet. Los dos son emblemáticos de la era digital que vivimos y ambos introducen cambios de paradigma cuyos efectos impactan social, cultural y económicamente en el desarrollo de nuestras sociedades tanto como se retroalimentan de los cambios que vivimos. La forma en que incluimos uno y otro en nuestras actividades sociales muestran cómo somos capaces de adaptarnos a las exigencias de un mundo-red en constante cambio. Pero las diferencias que los separan son numerosas. Internet es global. Nació como una metared para ser global, para dejar fluir el conocimiento sin limitaciones físicas ni geográficas, mientras que la TM nació sin vocación de atentar contra lo existente, contra la telefonía fija o contra otros medios de comjunicación humana. Solo se trataba de dotar a la telefonía hasta entonces fija con una capacidad de conectividad inalámbrica. Paradójicamente, la TM, nacida como una facilidad circunscripta a un territorio físico limitado o muy limitado, exigió el despliegue de una red ad-hoc de antenas portadoras, mientras que Internet, desde el inicio caracterizado como un verdadero cambio de paradigma, solo necesitó la computarización de los nodos de una red telefónica existente que, por otro lado, ya se estaba digitalizando a pasos agigantados.

Nacida para optimizar el servicio de comunicación telefónica, la TM usa redes locales sujetas a regulaciones nacionales, o regionales como en el caso de la Unión Europea. La globalización de las redes de telefonía móvil demandará la adopción de formas de regulación supranacionales, estándares más abiertos o compartidos y acuerdos globales entre grandes compañías y Estados nacionales, condiciones que Internet, por razones muy diversas y escasamente estudiadas, pudo eludir. Internet, como medio de interconexión personal, es el más desterritorializado y menos regulado que se conoce.

En la metared, los dispositivos que intervienen son evidentemente computarizados. La telefonía móvil, ofrece una mediatización débil y una experiencia tan poco computarizada como lo desee el usuario. Para su uso no es necesario contar con una alfabetización digital ni siquiera primaria. Mi padre, a los 86 años, sin haber usado nunca una computadora, comenzó a usar un teléfono digital. Mientras Internet nació en el mundo de las computadoras y se lo asocia determinísticamente a la Sociedad de la Información como su principal elemento impulsor, la TM introdujo una ruptura suave respecto de la telefonía tradicional, no requirió de sus usuarios la adquisición de nuevos conocimientos ni se mostró interesada por compartir el protagonismo de Internet y de la computadora en la SI. La TM nació como respuesta a las necesidades de movilidad y de comunicación interpersonal en desplazamiento. Pertenecía al mundo de la comunicación interpersonal, ajena a todo movimiento coyuntural de la SI. 

Pero la telefonía nómada sigue ofreciendo una barrera de apropiación mucho menos exigente tecnológicamente. Mi padre es capaz de manipular su teléfono móvil de manera básica. Puede consultar la agenda de teléfonos de su dispositivo portátil, puede acceder y leer un mensaje de texto aunque no puede responderlo con otro similar, y mantener el dispositivo activo mediante las frecuentes cargas de energía que requiere. No puede sin embargo usar una computadora personal, ni sabe navegar en Internet, ni ha participado de ningún programa de alfabetización digital. Mi padre es representativo de millones de personas que sin siquiera ser inmigrante digital -voluntariamente se excluyó de las pocas y tardías oportunidades que tuvo de incluirse- emplean predominantemente la telefonía móvil para lo que fue creada, es decir, permitir la comunicación telefónica durante sus desplazamientos o en localizaciones distantes de la cobertura de la red de telefonía fija cuando está alejado de los grandes centros urbanos. Internet y la TM ofrecen barreras de entrada disímiles.

Al mismo tiempo, presentan una estratificación análoga de usuarios por segmento social y cultural, y la misma brecha se percibe respecto de los usos sociales de uno y otro cuando se analizan los estratos generacionales. Pueden distinguirse claramente los usos que una generación y otra hacen de Internet y de la TM. En un extremo podríamos situar a aquellos que los utilizan de manera selectiva. Emplean la TM como medio sincrónico (la facilidad de la comunicación oral) y la tecnología IP de c.e. como medio asincrónico (la facilidad del post). En el otro, los que, todo el tiempo, en todo lugar, independientemente del dispositivo, e incluso de forma simultánea, emplean de manera flexible la modalidad sincrónica o asincrónica. La mensajería instantánea ya no está reservada al territorio de Internet en exclusividad como la comunicación oral ya no está indisociablemente vinculada a la TM. Los géneros, los formatos y las experiencias dejan de tener un vector privilegiado. El contexto, la disponibilidad y la carga de energía de los dispositivos accesibles son los criterios que determinan el uso de una red u otra. Entre una y otra generación, las cuestiones ergonómicas y de manipulación de los dispositivos hacen la diferencia.

El desarrollo de las tecnologías IP y la TM se asemejan cuando se los analiza respecto de la actividad social para la que inicialmente fueron diseñados. Ambos estuvieron, en un principio, asociados a tareas profesionales y laborales. En otros términos, el ocio y el entretenimiento no figuraron en los modelos de negocios de Internet y de la TM hasta muy avanzada sus historias respectivas. La multimediatización de los contenidos es la más cabal muestra del estado de maduración de ambos y el principal vector de su desarrollo en el campo del entretenimiento. Para ir más allá, ambos han tenido que reconvertirse al multimedia.

Incluso son semejantes las historias cuando se analizan los cambios en la oferta de servicios y contenidos y en los modelos de consumo. De un modelo textual a un modelo multimedial, de un modelo de consumo individual a un modelo de consumo grupal o social, y de un modelo de usuario-consumidor a un modelo de usuario-prosumidor. Entre los muchos roles sociales que se le adjudican a Internet, resalta su carácter de medio para intercambiar la producción propia entre usuarios y hoy es la mayor plataforma que existe para compartir contenidos, textuales y audiovisuales. También en eso, la TM podría asemejarse a Internet. Los jóvenes comparten música y videos entre dispositivos remotos y próximos, entre fijos y móviles, y entre dispositivos inalámbricos provistos con tecnologías diversas. Con un teléfono móvil, los jóvenes chatean y envian decenas de mensajes cortos por día. En un teléfono móvil son capaces de escribir una novela!

Es el caso de Rin, una joven japonesa de 21 años que redactó la novela If you[2] en su celular mientras se desplazaba cotidianamente en la ciudad de Tokio. Sobreocupada, entre estudio y trabajo, utilizó los traslados intersticiales para escribir una obra autobiográfica que se convertiría en un éxito de ventas transmediático. Escritas en y para el celular, con frases cortas que son las que se pueden escribir con más facilidad en el móvil, redactadas por jóvenes más ávidos de comunicar que de hacer literatura de calidad, estos autores sin antecedentes han desbordado el microespacio móvil. Sus obras pueden leerse en el monitor del teléfono celular, pero también en la pantalla de una computadora a través de Internet, o en su versión impresa. Con algunos ajustes, transformados en libros, han ganado un lugar entre los más populares éxitos de las librerías japonesas. Entre los diez best sellers del año pasado en Japón, los tres primeros eran relatos escritos en o a través del celular.[3] Este éxito inesperado se debe a que atraen adeptos entre un público ajeno al mundo tradicional del libro. Lectores-usuarios del lenguaje manga y de los videojuegos, próximos a la literatura visual y a los géneros lúdicos que exigen del lector abandonar constantemente su pasividad. Gracias a este nuevo público, los relatos creados vía el celular están produciendo una verdadera revolución en el mundo editorial nipón[4]. Ahora se venden más libros que antes. Al mismo tiempo que las novelas escritas para ser leídas en el móvil se despliegan con éxito en el mundo off line, reconfiguradas al lenguaje más simple y elemental que exige la micropantalla, abundan las transcripciones de novelas escritas para el papel.

Seguramente alguien pensó en esto desde hace años. Sería ingenuo creer que nadie fue capaz de imaginar que además de hablar por teléfono, los usuarios que llevan todo el tiempo consigo un móvil buscarían hacer otra cosa con él, que hablar durante las esperas y los desplazamientos de la vida cotidiana. El móvil, siempre a disposición, es el que mejor se adapta a los intersticios de la vida cotidiana, esos limitados espacios temporales de ocio en los que la fruición requiere brevedad. O mejor dicho, brevedades. Brevedad al escribir un mensaje interpersonal, brevedad al leer una noticia o una alerta, brevedad de la información de una base de datos, brevedad en el uso de los contenidos de ficción. Mientras que los formatos televisivos requieren un involucramiento temporal de miniseries, tradicionalmente sujetos a los 26 minutos televisivos, la microficción se adapta mejor a los microespacios de la vida cotidiana en los grandes centros urbanos. El nomadismo exige brevedad, la fruición en gotas.

Condicionada ergonómicamente por el dispositivo, la producción y la lectura de contenidos está sujeta a textos de pocas líneas, a la brevedad de videos en pocos segundos. Aun con las pantallas más amplias y las baterías del mejor rendimiento energético, los dispositivos móviles exigen un ejercicio limitado a la unidad micro.

La brevedad no es solo una condición intrínseca de la literatura móvil impuesta por la tecnología del soporte. Es también la respuesta al uso intersticial de nuestros tiempos modernos. Desde las investigaciones que realicé para mi tesis de doctorado, sostengo la idea de que los microrrelatos tienen la vida asegurada. La renovación de este género que no es nuevo[5] está garantizada por la masiva introducción de los dispositivos móviles. El género literario de la microbrevedad comparte la premisa temporal de las unidades semánticas que eslabonadas componen las novelas japonesas mencionadas, pero son de otra naturaleza. Obras mínimas, minicuentos, relatos hiperbreves, historias de una o dos páginas como máximo que otorgan al lector la responsabilidad de imaginar lo que sucedió o sucede a partir de lo poco expresado. Aunque pueden aparentar, no son textos elementales sino escritos mínimos en los que se precisa lo necesario, la acción, el espacio y el tiempo. No son simplificaciones. Algunos de sus autores incluso niegan la categoría fastfiction[6]. Para diseñar una microficción literaria o audiovisual es necesario, aunque no suficiente, expresarse en nano unidades. Las minihistorias no necesariamente están compuestas de uninanofrases, como el famoso texto “Dinosaurio” de Monterroso, datado de 1959: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. La unidad micro, ya sea ficción o documental, informativa o de entretenimiento, es la unidad del móvil.

La ebullición de este tipo de producciones se debe a que, por primera vez, formato, género y dispositivo de lectura están alineados sobre el mismo factor espacio-temporal. El microproducto-contenido encuentra todo el tiempo en el móvil el soporte ideal para ser visto o leído durante algunos segundos o minutos, el tiempo entre dos estaciones de metro, la cola de espera o el café de la pausa a mitad de la mañana. En la transición, entre un lugar y otro, el móvil ofrece algo de emoción, imaginación, entretenimiento. La creciente fluidez de la vida hiperurbana es su principal impulsor. Es natural que el móvil, polifuncional, tenga tanto éxito.

En la sociedad a la que estamos dirigiéndonos rápidamente, como la imaginan en los laboratorios de la DoCoMo, es una sociedad donde todas las cosas están conectadas en red y donde las personas pueden acceder a la información en cualquier momento y en cualquier lugar. La información es parte de nuestra infraestructura vivencial.[7] Las redes de telefonía móvil y las tecnologías de comunicaciones inalámbricas, como el aire, son poco visibles pero cada vez más indispensables. El desarrollo e implantación de esas redes, como el desarrollo de las industrias de contenidos especializadas, no desafía las leyes económicas básicas pero sí las que han ejercido el rol regulatorio de las economías del universo del entretenimiento y de las telecomunicaciones.

Mayoritariamente, las redes de telefonía básica o fija han sido el resultado de grandes inversiones de los Estados nacionales sobre las que prestadores de servicio privados han venido a agregar valor. Sin esas inversiones inicialmente estatales, la telefonía fija nunca se hubiera desarrollado como lo hizo. Desplegar o enterrar millones de km de cable no es la tarea que una compañía privada puede realizar con facilidad. Los obstáculos económico-financieros, técnicos y legales ahogarían la amplia mayoría de esos desarrollos. Además, dónde ya están implantadas, es demasiado gravoso insertar nuevos jugadores.

Con una regulación favorable y condiciones de mercado apropiadas, la telefonía móvil puede recoger la adhesión de inversionistas y desarrollarse sin problemas. Es verdad que la TM requiere usuarios con capacidad de consumo, lo que responde a una regla básica de la economía de mercado. Usuarios que estén en condiciones de pagar por un dispositivo de recepción y de consumir comunicaciones. Pero las inversiones que requieren el derrame de los servicios móviles no son de la misma magnitud que las necesarias, en dinero y tiempo, para el desarrollo de la telefonía fija. Las tecnologías inalámbricas representan un salto cualitativo en las comunicaciones públicas porque aportan una facilidad para el consumo con una inversión en términos relativos muy baja por parte de los operadores.

Es tal vez la tecnología que mejor optimiza las capacidades de cada uno de los agentes sociales que participan de la cadena de valor y consumo. El Estado regula las condiciones de la prestación, los operadores extienden con cierta facilidad técnica y poca molestia urbana una red virtual de extensa cobertura y gestionan el valor agregado en contenidos y servicios, los fondos privados de inversión (especialmente, fondos de administración de jubilaciones y pensiones) hacen el apalancamiento financiero con un rendimiento adecuado, y el usuario invierte en un dispositivo de recepción acorde con sus expectativas de consumo y con las ofertas de la red y paga por los servicios que recibe. La TM es un buen ejemplo de distribución económica-financiera equitable y sin predominancias ni sobrecargas imprudentes que afecten el negocio o lo hagan poco sustentable. Ninguna otra tecnología reciente ha sido tan flexible, tan rápida y tan rentable social y económicamente como la TM. El ratio valor agregado/costo es tal vez el más bajo de la historia de las telecomunicaciones.[8] 

Los operadores telefónicos, que en primera instancia se habían beneficiado con el incremento del volumen de las comunicaciones y luego con la llegada de Internet, aun aquellos que se sostienen en esquemas monopólicos, enfrentan una profunda crisis cuando no pueden liderar el mercado de la TM. La TM no cesa de robar espacio a la telefonía fija. En los casos en que los usuarios disponen de más de una alternativa para conectarse a Internet, por ejemplo, cuando el operador de cable también le ofrece un acceso de banda ancha, los usuarios abandonan sus líneas fijas para adoptar la TM. La flexibilidad de precios y abonos y la rapidez en acceder a la habilitación de una línea acentúan la traslación de un soporte a otro. Además, los microuniversos digitales comunicantes se extienden. En el hogar se multiplican los electrodomésticos capaces de comunicar todo el tiempo entre ellos y con los dispositivos móviles. Las tecnologías inalámbricas revolucionan el hogar y se manifiestan cada vez más entre las ofertas de redes públicas urbanas, en sitios abiertos o cerrados.

Los dispositivos digitales amplifican sus canales de comunicación con otros dispositivos. Estamos en un proceso ineluctable de hacer inalámbrico todo lo que pueda serlo. La nanotecnología expande significativamente la lista de lo que puede ser digital. Digital será todo aquello que pueda serlo. Condición primaria para todo lo demás, permite el crecimiento de una sociedad hertziana, inalámbrica y, por lo tanto, móvil. Todo lo que pueda ser digital y móvil, lo será.

Ninguna otra tecnología de la comunicación alcanzó tan rápidamente la penetración de la TM. De Internet se dijo que había superado la velocidad de cobertura de todos los medios anteriores. Pero la telefonía móvil es mucho más popular. Ha llegado más rápido a grandes segmentos sociales y se manifiesta como un factor de productividad y de desarrollo económico y de creciente ambición respecto del tiempo de ocio. Estamos superando la etapa en la que nuestro estilo de vida estuvo reconfigurado durante años por el universo computarizado. El pasaje de un estilo de vida ordenado entorno a la computadora, funcionalmente primero y más tarde ociosamente, a una sociedad con máquinas que comunican remotamente todo el tiempo y con dispositivos inalámbricos que nos detectan y nos hablan por doquier, se está efectuando menos suavemente de lo que pensábamos. La lógica de Internet nos había mostrado la dirección. Todo lo que podía ser digital y en línea lo sería. Pero lo vertiginoso de este movimiento quedó desvirtuado frente a la velocidad del movimiento social inalámbrico. Parece ser que todo lo que es digital y móvil, lo será, antes de que todo lo que pueda ser digital y en línea lo sea.


[1] Clarke, Arthur C. Communicating:Join The Planetary Conversation. Forbes, 24 de octubre de 2005. Consultado en http://www.forbes.com/2005/10/19/clarke-arthur-communications_comm05_cx_ac_1024clarke.html el 19 de enero de 2007.[2] La versión para móvil puede consultarse en http://de-view.net/pc/pc_novels.php?aid=2&f=chapter&pos=1&tid=6.[3] http://www.nytimes.com/2008/01/20/world/asia/20japan.html.

[4] Las editoriales compiten por el mercado de la “reedición” en versión impresa. Starts Publishing es una de las editoriales líderes en el mercado de la publicación de novelas de teléfono móvil.

[5] Chuang Tzu (IV a.C), uno de los padres del taoismo, poeta y filósofo, escribió la obra filosófica por la que ha transcendido “Zhuangzi” utilizando diversos recursos literarios como la narrativa didáctica, la poesía y la prosa muy breve. Consultado en http://setis.library.usyd.edu.au/stanford/entries/zhuangzi/#2 el 2 de febrero de 2008.

[6] Valenzuela, Luisa. Intensidad en pocas líneas. ADN. La Nación. Suplemento de cultura. Consultado en http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=982849 el 4 de febrero de 2008.

[7] DoCoMo R&D. Consultado en http://www.nttdocomo.com/technologies/future/index.html el 18 de enero de 2008.

[8] El costo del servicio depende de múltiples factores como el mercado, el desarrollo tecnológico y comercial de los operadores, los servicios que se ofrecen, la imposición fiscal y las regulaciones. El costo es un factor determinante de la tasa de penetración. Mientras que en México el costo anual del consumo promedio en TM equivale a 80 horas de trabajo (PIB/2100 aprox.), en Irlanda, Italia y Gran Bretaña el costo es inferior a 25 horas de trabajo. En términos absolutos, el costo anual del abono en México es apenas 13% inferior al costo del abono en Italia, que tiene un PIB per capita cuatro veces superior al de México, y 16% inferior al costo que debe asumir un usuario promedio en Corea del Sur, que tiene un PIB per capita 125% más alto. En términos absolutos, el costo anual del consumo en EE.UU. está entre los más elevados del mundo desarrollado. Fuente: CBC. The price of staying connected. CBC NewsInteractive. Marzo de 2007. Consultado en http://www.cbc.ca/news/interactives/map-cellphonecosts/ el 5 de octubre de 2007.


1 Response to “¿Por qué todo lo que pueda ser digital y móvil lo será?”


  1. 20 agosto, 2014 a las 3:20 am

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