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El ciudadano Wi-Fi y el ocio intersticial II

 El enfoque cultural de la SI es quizás el aspecto más fácil de reconocer, aunque más difícil de cernir. Básicamente debido al incremento evidenciado del volumen de la información producido y de las comunicaciones y a la aceleración del flujo en circulación, componentes que impactan constantemente en todas las actividades humanas, para el ciudadano, destinatario de todos los mensajes, resulta cada vez más difícil navegar entre tanta información y detectar aquello que tiene verdadera significatividad para él en el contexto de búsqueda. En la cultura informativa, las personas viven en una interacción simbólica constante. Todo lo que se intercambia y se recibe es reconocible como parte de un proceso comunicativo, aunque esta explosión de datos y símbolos no significa que el uso que se hace de ellos pueda redundar en más producción de significado.[1]La televisión se ha expandido de un servicio discontinuo a una programación en centenares de canales posibles a través del mejoramiento y la incorporación de tecnologías, como el cable, los satélites y los terminales receptores. Con la llegada de la IPtelevision, la oferta se expande universalmente, convirtiéndose realmente en la tan prometida oferta globalizada. Desde cualquier lugar del mundo el usuario puede consumir contenidos de su televisión preferida, sin las limitaciones de las regulaciones de espectro nacional. La digitalización y la retransmisión de contenidos radiales por las redes ofrecen una diversidad y segmentación de la oferta informativa y musical local o distante, casi de manera personalizada. La disponibilidad de títulos de libros y revistas editados en papel y en formato electrónico no cesa de incrementarse.

La información es un factor de mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. La extensión de la conciencia individual del valor de la información y del acceso a información de alta calidad en un marco de libertad desemboca en un proceso político-social caracterizado por el aumento de la participación.[2] El reconocimiento del valor cultural de la información proviene del hecho de que en el imaginario social, la posibilidad de acceder a más información es habitualmente asociada a las virtudes de los regímenes democráticos y a la transparencia en el uso del poder de gobierno. Aplicando, por analogía, la misma ley de plenitud de las redes anteriormente mencionada, esa asociación se concreta en un proceso de participación que no cesa de incrementarse. De esa forma se entiende el por qué del aumento tan significativo de usuarios de los nuevos medios participativos, del blogging, fotoblogging, videoblogging y microblogging. Los medios sociales introducen al usuario en un tiempo de ocio participativo.

En los últimos cincuenta años, el tiempo total destinado al ocio se incrementó para una mayoría de la población. A la vez, la oferta mediática se incrementó y el tiempo de ocio quedó fragmentado entre una gran diversidad de contenidos y formatos que, con la llegada de la generación digital a la edad adulta, se consumen cada vez más de manera simultánea. Como consecuencia de las grandes transformaciones en los modos de organizar la producción, el sistema productivo, especialmente el de servicios, hiperrepresentado en los grandes centros urbanos, produce burbujas de tiempo de ocio que modifican sustancialmente el espectro de consumo, introducen nuevas formas de consumir contenidos y pueden afectar sensiblemente la economía de los medios.

El uso de los contenidos de ocio es más interactivo, más selectivo, menos duradero. Muchas obras de teatro siguen teniendo dos horas de duración con un intermezzo. El cine sigue ofreciendo material que se extiende durante al menos 90 minutos. La televisión, que creíamos el medio de los formatos breves, ofrece series de 26 minutos. La bibliografía novelesca se acomodó a las 200 páginas promedio. En frente, en una competencia cada vez más abierta y feroz, una oferta heterogénea de brevedades, contenidos de cortísima duración, cápsulas que se consumen sin costo de desplazamiento, que generalmente son de contraprestación publicitaria (a cambio, el usuario consume publicidad) y que no retiene al usuario en un ámbito cerrado, preso de un guión no-participativo que no ofrece oportunidades de bifurcación, ni personalización ni participación. Píldoras de formato y de naturaleza publicitaria que se consumen en la pantalla dentro del ascensor hasta llegar al piso 35, en la pantalla del bus, del taxi o del tren durante el viaje, en la pantalla de la computadora de la oficina o en el celular esperando el metro.  

Microguiones, microestructuras, microcontenidos. La duración de los intercambios simbólicos se reduce. La duración de las ofertas de contenidos disminuye. El ocio se consume en pequeñas píldoras de fruición, brevedades que pueden disfrutarse en los microespacios que dejan las actividades laborales o en los fragmentos de dedicación ociosa que el usuario se adjudica durante los desplazamientos o en su tiempo libre en el hogar. Todos los contenidos son microcontenidos, unidades semánticas que pueden eslabonarse o no y que permiten emocionarse en un tiempo escaso, un tiempo intersticial, una emoción en grageas. El ocio se ha vuelto intersticial. Se crea y se inserta en microespacios, en los breves minutos de los que dispone el ciudadano durante el trayecto de un tema a otro, de un sitio a otro, de una estación a otra. El ocio completa el lag time. En ese contexto, el móvil es, sobre todo, un medio de tránsito.[3]


[1] Webster, Frank. Ob. Cit. p. 22.[2] Martin, William J. Ob. Cit. p. 40.

[3] Nokia. A Glimpse of the Next Episode. The Future Laboratory (NOKIA). Espoo (Finlandia), 3 de diciembre de 2007. Consultado en http://nseries.com/entertainmentstudy/ el 9 de febrero de 2008. Fue realizado sobre 9.000 consumidores en 17 países y con entrevistas a expertos y líderes de la industria.


1 Response to “El ciudadano Wi-Fi y el ocio intersticial II”


  1. 17 julio, 2013 a las 5:24 pm

    Now, there are hundreds of programs available ranging from free to hundreds
    of dollars, including everything from a bare bones setup
    to an all inclusive image editing suit. Wouldn’t it be easier if we could be able to save changes ourselves whenever we want. Decide now because if you are a weight lifter, you will not build the chest that you are looking for.


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