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Oct
09

¿Generación “Undo”?

La productividad de los multitarea

Algunos, los más ansiosos, ya quieren concluir. Para algunos, ya se sabe lo suficiente con los resultados que se conocen. Para otros, es demasiado temprano para teorizar con tan pocos casos, circunscriptos territorialmente o sociodemográficamente. El asunto es que todos deseamos saber más acerca de cómo lo hacen. Los media multitaskers nos intrigan a todos. A quienes están al mando de un medio de comunicación o que toman decisiones por los anunciantes, más que intrigarles, les preocupa. ¿Existe realmente alguna diferencia en el modo de procesar, almacenar y recuperar la información entre ellos y los que realizan tareas de manera secuencial? Nadie sabe hoy qué procesos cognitivos los diferencian de los mayores, admitiendo que los media multitaskers y, sobre todo, los chronic media multitaskers, son una amplia mayoría entre la generación Y.

Aunque suficientemente validados académicamente para ser tenidos en cuenta, los estudios para determinar si existen diferencias entre unos y otros son demasiado escasos. Los investigadores del Communication Between Humans and Interactive Media Lab de la Universidad de Stanford realizaron pruebas con algunas centenas de alumnos universitarios agrupados en “heavy multitaskers” y “light multitaskers” y concluyeron que los primeros “pagaban un alto precio mental por hacer las cosas en simultáneo”. Afirman que las personas que desarrollan regularmente varias tareas de manera simultánea no otorgan la misma calidad de atención a cada tarea que realizan, que las personas que hacen una tarea a la vez de manera secuencial.


Fuente: Stanford University Channel en YouTube

Entre los heavy, se evidenció la tendencia a navegar los intercambios y las ofertas de información sin poder ignorar y descartar lo que no es relevante o concentrarse en aquello que es significativo para sus intereses o para su labor. En algunos casos, podría decirse que son adictos a lo irrelevante, cualquier cosa los distrae, aun la información que carece de importancia frente a los hechos, sus necesidades o búsquedas. Como si no pudieran resistir a la información sin importancia. Más aun, dispuestos al intercambio instantáneo de mensajes, tampoco parecen tener mejores destrezas que los demás para cambiar de manera más eficiente entre una conversación y otra, o alternar entre dos o más tareas. En definitiva, según muestran los resultados del estudio, en ninguna de las tres competencias digitales básicas son “mejores” los heavy que los “light”. Ni en a) filtrar/seleccionar la información (relevante/irrelevante), b) organizar la información en la memoria (articulación y recuperación contextualizada/bajo conexionismo) o c) cambiar de una tarea a la otra (lento/rápido), son más eficientes.

Si no son más eficientes, ¿por qué entonces las personas lo hacen constantemente?

La flexibilidad reinante ha sido una fuente de competitividad en la que casi nadie ha dejado de abrevar después de los cambios introducidos en los años 80, si miramos lo ocurrido en el norte. Desde hace dos décadas, la flexibilidad se ha instalado, más como un elemento vital, una condición de la experiencia humana moderna, un interés por lo diverso, una avenida de doble sentido que conviene a todos no importa a qué destino se dirija, un recurso al que puede apelarse ante cualquier circunstancia, un comodín que ayuda a ganar el juego cuando las cosas se ponen feas. Frecuentemente, se apela al término “flexibilidad” como sustituto de adaptabilidad. Puede que su origen responda a un cambio de paradigma en la forma de organizar la producción, pero la flexibilidad ya no es un esquema laboral encerrado sí mismo. Es sobre todo, un paradigma vital, un modus vivendi. Al mismo tiempo, una forma de ganarse la vida y un estilo de vida. Resiliencia, sentido de la oportunidad, movilidad. Términos y expresiones que acompañan el proceso, y definen cuánto y cómo la flexibilidad puede influir en nuestras vidas, tal vez, mucho más de lo que nos damos cuenta o queremos darnos cuenta. El humano, que desde la Ilustración buscó ser constructor de su destino, saber todo el tiempo acerca de su futuro, se halla frente un desafío inesperado. Acostumbrado a que de generación en generación, la mejora de la calidad de vida se relacionaba con la capacidad de anticipar el futuro, más y más sesgado por una pérdida de identidad y significatividad de sus actos, la ausencia de datos respecto del devenir condiciona a las generaciones anteriores. Pero, a diferencia de estos, la dirección que lleva su vida ya no es un requisito para las jóvenes generaciones. Saben, como dice Morin, que navegan en un océano de incertidumbre. En paralelo, y no es un dato menor, los puestos de trabajos se han vuelto hipercomplejos tecnológicamente hablando y los jóvenes profesionales que se insertan laboralmente disponen de artefactos individuales y privados que les proveen una conectividad que no distingue fronteras entre lo público y lo privado, entre la esfera laboral y lo particular.   

En ese macro contexto, puede aproximarse un esbozo de explicación acerca de las razones que llevan a las personas a involucrarse decididamente en una forma de intercambio y de producción flexibles, en las que la inmediatez de la respuesta es una condición vital porque incide en el capital social de la persona, no solo en su capital trabajo. Comunicar es ahora un proceso de acumulación de capital social.

Estar latente en condiciones de intervenir en todo momento, de estar al alcance de los demás en toda circunstancia, es parte de la vida flexible, funcional al desarrollo social y económico que tenemos. Por eso, podría pensarse que la capacidad multitarea, fuertemente asociada a la capacidad de polivalencia en términos laborales, se trata en primer término de una demanda creciente del entorno laboral en el que estar disponible de manera permanente, sobre todo, a través del chat y el correo electrónico, se transforma en una exigencia intrínseca (creer que es más productivo) y jerárquica (estar accesible y bajo control). Muchas veces la necesidad de estar accesible se debe a la falta de competencias técnicas de las personas del entorno o del equipo, o a una polivalencia que es más demandada que ofrecida. Colegas, responsables jerárquicos y colaboradores dependientes se sienten más seguros si tienen “a mano” a los demás, a otras personas que pueden completar sus conocimientos en una situación que no pueden resolver solos. Una vez más, la tecnología viene a subsidiar un factor social determinante en la vida cotidiana: enfrentar situaciones imprevistas con la subsidiaridad del conocimiento remoto, aquel que reside “en los amigos” y que la tecnología hace disponible.

Categorías demasiado amplias como “light multitaskers” (aquellos que focalizan en una o dos tareas al mismo tiempo, como escuchar música mientras trabajan) y “heavy multitaskers” (miran videos en línea, chatean, intercambian mensajes de texto en el celular y leen y escriben en diferentes soportes simultáneamente), no son suficientes para un estudio que pretende conocer cómo estas tareas afectan el trabajo neuronal. Por otra parte, el término simultáneo ya no es apropiado para describir las formas actuales de comunicación interpersonal y de consumo de contenidos. En todos los casos, debería adicionarse, al menos hasta encontrar un nuevo término más adecuado, el complemento multisharing que informa acerca del modo en que consumen el tiempo, dedicando a cada tarea una porción infinitesimal del tiempo total. Esto le permite dar a cada una de ellas la sensación de que son atendidas todas en simultáneo. Así, multitasking y multisharing o multitasking-sharing, es más ajustado a la realidad, sobre todo, si se emplea en el mismo sentido que se aplica a la manera en que trabajan las computadoras, es decir, realizando varias tareas distribuyendo el tiempo entre ellas de forma que parece que a cada una de ellas le otorgue una dedicación, en apariencia, exclusiva. Una forma de distribuir en múltiples fragmentos el tiempo de procesamiento o de atención. En otros términos, el proceso, observado desde fuera, se percibe como una distribución “casi simultánea” de la atención. Visto como receptor de cada mensaje en un intercambio comunicativo, por ejemplo en el chat, o desde la plataforma del proveedor de contenidos, la conversación o la distribución de contenido se asume como si se tratase de un único diálogo o de un único cliente-consumidor. Las reglas del juego están prácticamente y casi convencionalmente aceptadas. Cuando se trata de interelacionarse de manera mediatizada con los más jóvenes, pero no solo con ellos, ya todos saben que se trata probablemente de un “engaño”, que está conversando con usted al mismo tiempo que lo hace con otros. 

De igual modo ocurre con el adjetivo “sincrónico”. Se dice, por ejemplo, que la etapa actual de la comunicación mediatizada representa una traslación de los espacios de intercambio asincrónico, como el correo electrónico, hacia esferas más sincrónicas, como el chat. Muchas veces utilizamos “sincrónico” para designar un modo “contemporáneo” de mantener una conversación entre dos nodos, persona-persona o persona-máquina. Y lo usamos casi como sinónimo de simultáneo.    

Entre los muchos desafíos que nos quedan por resolver están aquellos que conciernen las actividades de los mobitaskers, aquellos que a las tareas cognitivas que impone el tratamiento de la información sensorial mediatizada (escuchar música de un reproductor MP3+escribir un mensaje SMS en el celular) se agregan las tareas combinadas de caminar, observar el entorno e, incluso, mantener un diálogo directo face-to-face con otras personas. Mucho más gravoso aun puede ser el caso de los conductores de vehículos cuando utilizan el GPS o ven videos en el reproductor del panel de control, al mismo tiempo que conversan con un acompañante y mantienen una conversación con el dispositivo de “manos libres”, o escriben o leen un mensaje SMS en su móvil. 

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Siempre fuimos multitaskers, ¡no sabíamos cuánto más podíamos serlo! No es una cuestión sólo vinculada a los nuevos medios.

Ahora, inmersos en una economía de la atención escasa, sabemos que hacerlo no es gratuito para nadie. El problema no reside tanto en las diferencias en los usos y consumos entre generaciones, sino en la forma de entender la manera de relacionarnos con el otro, con lo ajeno. Si la novedad reside en el otro, lo mejor que podemos hacer es prestarle toda la atención. Tal vez, los multitaskers logran en cada instancia volcar todo lo suyo, toda su capacidad para escuchar, entender y dialogar. Tal vez, son tan intensas sus participaciones que las métricas que empleamos para dimensionar su compromiso con los demás, como partes de un todo que no puede desagregarse, no pueden aplicarse a estos nuevos modos. Tal vez, no solo las formas sino también el fondo los separa.

La mayor preocupación reside en la capacidad que tienen para entender la vida como una sucesión de decisiones que son –todas ellas- reversibles en todas las circunstancias. Por eso, puede parecer que las decisiones no tienen costos reales, que todas pueden “deshacerse”, simplemente dejar de existir. La función undo está siempre disponible para reacomodar las cosas que se salieron de su cauce natural. En el menú de funciones, con un solo clic, volvemos al estadio anterior y las consecuencias ya no existen. Todo el tiempo existe la posibilidad de dar marcha atrás y retomar la escena cambiando las acciones de modo que el resultado varíe. Lo que no saben es que, al igual que en el mundo binario, todo deja una traza, una marca. Más allá de que todo registrado, incluso nuestros más burdos e involuntarios errores, en el universo de bits, tantas equivocaciones, retrocesos y contramarchas, acaban por acostumbrarlos a que todo puede ser un juego sin consecuencias, una sucesión de verdades y mentiras sin costo. Y el mundo es mucho más real que simulado, al menos, por ahora.

¿Quién duda de que existe una tendencia a la banalización de la muerte? Un fenómeno que es, al mismo tiempo, síntoma y estímulo de la manera en que una parte creciente de la sociedad entiende la vida terrenal. Por eso, uno de los interrogantes que más debe estimularnos a la investigación social y cultural es ¿qué relación existe entre la Generación Y y la Generación undo? Tal vez así, identificando patrones de conducta que nos ayudan a interpretar los cambios que están ocurriendo, sepamos diseñar los cambios todavía oportunos que pueden instrumentarse, sobre todo, en educación.



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