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(II) Razones para estar casi seguro de que el libro tiene futuro

Las cosas pueden evolucionar más rápido de lo pensado

Partiendo de que el mercado del ebook es irrelevante, pero reconociendo también que ha surgido un verdadero mercado en EE.UU., que han proliferado nuevos dispositivos digitales de lectura (“atractivos”) y que la oferta de contenidos empieza a ser “abundante”, el informe Zelnik, elaborado por mandato del Ministerio francés de Cultura y Comunicación, sugiere adoptar inmediatamente acciones concretas en el mercado editorial bajo la hipótesis de que “las cosas pueden evolucionar muy rápido”.[1] Aquí debajo propongo una conceptualización propia partiendo de las tres acciones concretas que sugieren los expertos.

a) Precio único de venta

a.1) Quienes poseen los derechos (autores, editores) deben ser quienes fijen el precio de venta de las versiones digitales. Por el momento, entre los distribuidores destacan aquellos cuyo principal negocio no es el libro, en especial, las empresas a base tecnológica. El precio único de venta establecido por los habientederechos es la principal fuente de preservación de la diversidad de la oferta.

a.2) Las políticas de precio único aplicadas al libro impreso deben extenderse al ebook  y reflejarse en la legislación. Esto invalidará directa e indirectamente el concepto jurídico y fiscal que las empresas tecnológicas y operadoras de telecomunicaciones han querido imponer a la distribución de contenidos transformando o incorporando a sus prácticas lo que es la venta de un bien cultural bajo la denominación de “servicio en línea”.

a.3) Toda discriminación fiscal en disfavor del ebook es política y económicamente “insoportable”. Debe prevalecer el principio simple de que toda obra tiene, independientemente del soporte utilizado o la vía de transacción, una identidad y posición fiscal única. En otros términos, a todas las versiones de un mismo libro deben aplicarse las mismas tasas.

a.4) Para evitar que la nueva cadena de valor penalice alguno de los actores, una nueva relación entre editor y autor deberá establecerse. Las prácticas contractuales deberán ajustarse a la nueva realidad para asegurar al autor una remuneración justa por la cesión de los derechos digitales.

b) Una plataforma única de distribución de ebooks

b.1) En principio comprensible por motivos históricos y comerciales, la fragmentación de la oferta en tantas plataformas[2] es un «handicap colosal» para el sector que debe enfrentar enormes costos para construir infraestructuras técnicas pesadas y costosas durante una transición que presenta otros desafíos. Los editores deben organizar la oferta en una plataforma común que les permita almacenarla y darle visibilidad para que los libreros concentren su atención en una única vitrina y puedan jugar el rol de guía del lector que navega “el laberinto de los títulos disponibles”.

b.2) Una plataforma única exige la producción de metadatos comunes y la homogeneización de los formatos.

b.3) Los organismos de gobierno deberían influir con sus políticas la toma de decisión del sector hacia una convergencia técnica y comercial cuyo resultado más evidente sea una plataforma común.

b.4.) Para respetar las reglas de la competencia comercial, puede integrarse un grupo de interés económico («groupement d’intérêt économique») como ya funcionan otros similares en el mundo off line.[3]

c) Invertir masivamente en la digitalización de los libros

c.1) Si la oferta de ebooks es aun reducida, esto se debe a que los costos de la digitalización son elevados. Mientras las políticas públicas fijan los alcances de su intervención respecto de las obras de dominio público, los presupuestos de los organismos especializados[4] deben acrecentar las ayudas a la reconversión digital de los fondos editoriales, participando en una proporción mayoritaria en los esfuerzos de digitalización.[5]

c.2) El financiamiento público puede provenir de la aplicación de tasas de compensación no solo al material reprográfico (reproducción e impresión) sino también a los insumos y materiales extinguibles (bienes de consumo) de esos aparatos, como los cartuchos de tinta.

c.3) La provisión de fondos estatales para acelerar la digitalización podría ser compensado con  el acceso a los ebooks cuya digitalización haya sido subsidiada, en condiciones preferenciales para una utilización educativa de los mismos. Los Ministerios de Educación podrían de ese modo contar rápidamente con contenidos digitales para sus propios planes de digitalización.

Próxima entrada

Razones para estar casi seguro de que el libro tiene futuro III (y fin): De la contrapiratería a la tasa Google


[1] Zelnik, P., Toubon, J. y Cerutti, G. Creation et Internet. Rapport au Ministre. Ministère de la Culture et de la Communication. Enero de 2010. Consultado en http://www.culture.gouv.fr/mcc/Espace-Presse/Dossiers-de-presse/Rapport-Creation-et-Internet el 2 de febrero de 2010. pp. 6-8.

[2] Numilog (Hachette), Harmathèque (L’Harmattan), E-Plateforme (Éditis), Eden-Livres (Flammarion, Gallimard y Le Seuil-La Martinière).

[3] En Francia, existe varias referencias conocidas en el sector: Prisme, para el transporte; Dilicom, para las ordenes de compra; Électre, para los datos.

[4] Por ejemplo, el Centre National du Livre CNL.

[5] En Francia, llegan al 40 o 50% y se propone pasar al 70 u 80%.



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