20
Abr
10

La trascendencia digital del Libro

En todas las actividades del sector editorial, se percibe un interés por comprender mejor algunos nuevos fenómenos culturales, sociales y tecnológicos que tienden a influir en forma creciente en el futuro del libro. Si la sensibilidad a estos cambios se está amplificando, es porque los síntomas dejan entrever una transformación que irá más en profundidad, un cambio en las maneras en que se practica la lectura y se consumen contenidos, en las modalidades de comercialización y distribución, en la evolución del concepto “libro” en el imaginario colectivo (tanto de los referentes sociales como del lector) y en la conceptualización misma del libro como bien cultural a nivel económico y político. Desde una distancia más o menos prudencial según su estado de situación particular, cada componente de la cadena de valor del libro reflexiona acerca de cómo integrarse a una nueva era en la que la digitalización de los contenidos y la desmaterialización de los soportes, y las nuevas prácticas sociales vinculadas con la hiperurbanidad, la movilidad, la flexibilidad laboral y las nuevas formas de organización social, se dinamizan recíprocamente. El carácter disruptivo de esta nueva era nos invita insistentemente a revisar nuestros conocimientos de las prácticas de consumo cultural, en general, y de la lectura, en particular, y a reconocer que la acelerada globalización de la oferta y demanda tiende a exacerbarse con la influencia de nuevas mediaciones y nuevos soportes.

No cambiarán todo. Ni se masificarán como algunos auguran, ni quedarán en manos de unos pocos como otros premonizan. Sin duda, los nuevos soportes, comenzando por la computadora en todas sus formas y dimensiones, introducen modificaciones en la forma de acceder al contenido y en el contenido mismo. La lectura en soportes digitales no comenzó con Internet, pero fue con Internet que la pantalla comenzó a familiarizar la población lectora y menos lectora con el contenido digital, con su no linealidad, con capacidades de participación, personalización y ampliación que jamás antes tuvo. Para alcanzar el actual momento disruptivo, solo hizo falta el advenimiento de generaciones interactivas más populosas de todos los niveles socioeconómicos. ¡Y vaya que las cosas cambian rápido cuando quedan en manos de las nuevas generaciones!

Las formas de consumir contenidos culturales cambian a un ritmo que las industrias de contenidos no alcanzan a acompasar. La historia reciente de estos cambios le ha otorgado al sistema del libro el beneficio de poder relevar los daños ajenos (por ejemplo, los experimentados por la industria de la música) antes de los propios, diagnosticar y luego actuar en consecuencia. El libro busca su futuro sabiendo que las fronteras entre sectores se debilitan. En términos prácticos, los interrogantes sobre los escenarios futuros suelen centrarse en: a) la llegada de nuevos jugadores, como Google y Amazon, y su influencia en la cadena de valor, la fijación de precios y la rentabilidad del sector; b) la optimización (capacidad, polivalencia, ergonomía, seguridad) creciente de las tecnologías de la desmaterialización, en particular de los dispositivos móviles (netbooks, ereaders y teléfonos móviles); y c) las nuevas generaciones y sus nuevas formas de relacionarse con el sistema mediático-cultural, lo que implica otras maneras de comunicar y de consumir contenidos, de aprender y de enseñar, de compartir información y experiencia.

La influencia de estos factores se acrecentará por la ampliación de los segmentos poblacionales que acceden a las redes con un ancho de banda suficiente para consumir contenidos de todo tipo y naturaleza (texto, audio y video). Esta ampliación, que hasta ahora ha sido moderada o lenta, se acelera impulsada por las estrategias gubernamentales fundadas en la introducción masiva de pequeñas computadoras en las manos de los escolares como forma de retener sus públicos y mejorar el rendimiento del sistema educativo. Sin duda, esto incrementará la posibilidad de millones de niños y jóvenes de acceder a otras formas de aprender y de intercambiar conocimiento, y de acceder a la red, comenzando por los de más bajos recursos y nivel de lectura promedio. Implementados masivamente, estos planes ensanchan los públicos digitales que en los próximos años se habrán multiplicado en varios países de Latinoamérica.

Interpretar estos profundos cambios en las prácticas sociales vinculadas con la educación y con el consumo cultural, será una actividad central del diseño de una transformación que, mas que colectiva, debe ser apropiada a los recursos y a la cultura de cada editorial y librería. Más allá de estos planes gubernamentales, a cuyos efectos debe adicionarse las centenas de miles de netbooks que se venderán en el circuito comercial, los planes de acceso a Internet móvil y los celulares con acceso a Internet, y la muy lenta introducción de dispositivos específicos de lectura (ereaders), algunos ven lo que hay que ver: un gran desafío y una gran oportunidad. No hay dudas respecto de que existe un apuramiento tecnológico que induce y connota las prácticas sociales más tradicionales como la lectura. Lo que simultáneamente se evidencia es la falta de contenidos a la altura de los desafíos. No se trata de demorar o adelantar la transformación, sino de tener la capacidad de metamorfosis adecuada a la velocidad de los cambios del contexto.

La proliferación de contenidos enriquecidos que pueden adoptar diversas formas y disposiciones multimediáticas de manera automática según el contexto de uso (reach media), los nuevos canales para acceder a los contenidos (plataformas de distribución de ebooks) y las nuevas formas de lectura, de consumir y compartir los contenidos (comportamiento del consumidor), son elementos que ganarán centralidad en los debates, al igual que la influyente tendencia a la narrativa transmediática o, en términos más genéricos, a la transmediatización de los contenidos. Si un libro siempre supo ser más mucho más que un texto gracias a los editores y libreros, ahora le toca demostrar que puede superarse a si mismo y adaptarse para seguir cautivando audiencias, liberando su imaginación y pensamiento, e integrándolas en una experiencia colectiva.

Cualquiera de los nuevos escenarios futuros que se adopte, implicará dotarse de un paradigma de transición. Aun cuando adoptemos la idea fuerza de que el libro de naturaleza tangible será predominante en un mercado tendiente a la hibridez papel-digital, retrasar el diseño de una transición es tan poco sustentable como son poco creíbles los discursos futurológicos que pretenden aventurar un pronóstico entre muchos posibles, o resaltar una (sola) alternativa digital (POD, ebooks, etc.) en detrimento de todas las demás. Todos los jugadores saben que su modelo entró en una zona de transición y que su metamorfosis depende de la capacidad para apreciar y anticipar, en la medida de lo posible, los cambios que se producen. Emprender, decididos y esperanzados, es la mejor manera de dejar en claro que el libro fue y seguirá siendo trascendente y que de ello nos estamos ocupando.



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