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La ciudad, hipertexto y creatividad II

La creatividad en lo cotidiano: otra breve referencia a la obra de MIchel de Certeau

Descubrí Michel de Certeau estudiando en Ginebra. Fue en un pasaje. Primero fue la La Méthode de Morin, una gigantesca metateoría surgida de su encuentro con Jacques Monod y Massimo Piattelli-Palmarini en los debates acerca de “l’Unité de l’Homme”[i]. Fue cuando todavía recorría los pasillos de las bibliotecas ingenieriles buscando “otras formas de entender”. Me asomó a la complejidad, una forma de ayudar a ver, de completar mis creencias y las lecturas matematizadas del mundo construido que aprendía en grandes dosis. Morin me sirvió de puente para romper el aislamiento. En el periplo, descubrí Michel de Certeau y la problematización “de las operaciones de los usuarios, los usos, las maneras y las formas de hacer”, lo que otros llaman simplemente “prácticas”. De su obra, a muchos de mis conocidos no le atrapó La faiblesse de croire (en francés, Ed.Seuil, 1987, en español, se llamó La debilidad de creer, Ed. Katz, 2006). A mi tampoco, todo depende de sus valores y creencias. A otros, les resultó simplemente interesante La toma de la palabra y otros escritos políticos (en español, Ed. Universidad Iberoamericana, 1995). Pero a los que he recomendado la lectura de su obra, su aportación al entendimiento de la vida cotidiana en la urbanidad les ha parecido extraordinaria.  

En La invención de lo cotidiano[ii], Michel de Certeau ofrece la idea de que la ciudad es el espacio en el que las estrategias de los entes de poder, en general, conforman el mapa relacional de influencias e intereses por el que navegan los “hombres ordinarios”, participantes activos que interaccionan y practican diversas tácticas de negociación en los usos mediático-culturales de modo de hacer un uso crecientemente inteligente de los mensajes.

La ciudad es un espacio mediático por definición. Para entender su funcionamiento es indispensable efectuar el pasaje de un análisis de su organización como espacio físico real a uno en el que la problemática principal reside en su caracterización como espacio virtual de conocimiento. La ciudad es una experiencia colectiva definida por sus propios acontecimientos imaginarios. Una wikiciudad, un espacio a descubrir y recorrer, un espacio dinámico que exige una capacidad extendida para detectar y describir sus incesantes metamorfosis y las relaciones que pueden establecerse entre ellas.

Desde esta perspectiva, como señala de Certeau, la ciudad ofrece tantos espacios como experiencias espaciales distintas. Las relaciones, así como los relatos y las experiencias, se crean por y en los trayectos. Existen dos maneras de relacionar los espacios: la relación de continuidad que indica la forma en que se suceden uno tras otro en la secuencia, y la relación de inclusión que apela a la forma en que un espacio incluye otro, por ejemplo, el espacio de ensoñación que incluye un paisaje. A éstas podemos agregar otras formas, por ejemplo, los rituales negociadores, las barreras culturales prejuiciosas, las ofertas de bifurcación. Pero los espacios se relacionan de manera mucho más abstracta, modo que proviene de que, en realidad, el espacio es solo un agregado de relaciones dónde límite y frontera, distancia y proximidad, ya no son conceptos predominantes. En ese sentido, su abordaje no está alejado del «diagrama» de Deleuze, que es mejor descriptor del fenómeno al plantear una articulación abstracta de las relaciones sin tener en cuenta la distancia o proximidad.[iii] Por ejemplo, cuando es una relación de percepción o que nace de una experiencia de vida singular.

De Certeau recupera Choay[iv] en su forma de interpretar el discurso urbano como una triple operación: 1) una organización racional que rechaza todas las contaminaciones físicas, mentales o políticas que pueden afectarla; 2) un conjunto de estrategias científicas, tecnológicas, analíticas, que abastecen al ciudadano de aquello que lo protege de su propia ingeniosidad para apropiarse de las “ocasiones”, para derivar, para hacerse opaco, indisponerse frente al sistema, acomodarse en los nichos de invisibilidad; 3) un modelo político que absorbe todas las funciones, rediseminadas arbitrariamente entre múltiples sujetos reales, individuos y colectivos.

La ciudad es un espacio hipertextual. La ciudad es hipertexto, es web. Como espacio virtual no es finito. El problema esencial es el recorrido. Al mismo tiempo que las páginas proliferan y son incesantes las bifurcaciones ofrecidas que parecen más interesantes que lo que propone el trayecto proyectado, las páginas desaparecen como la ruta que queda detrás, como las rutas del desierto. Para De Certeau sólo cuentan los relatos como instancias móviles y magistrales en materia de delimitación que no deben conformar un sistema que las articula completamente sino que todo recorrido debe aceptar operaciones de manipulación improvisada con el fin de preservar la traza de las prácticas sistemáticas del razonamiento y la anticipación. La sistematización se ve perturbada por cualquier elemento extraño a diferencia del pensamiento asistematizado que es más flexible para integrar el cambio sin sentirse amenazado por las diferencias entre el presupuesto y la realización, lo que favorece el desarrollo de un saber creativo, aquel que no imita el método artístico, sino que articula una diversidad de prácticas de pensamiento exhumadas y no olvidadas por eficiencia de la razonabilidad.

El espacio es para Foucault la expresión de la disciplina, un ejercicio “microfísico” del poder, mientras que para De Certeau, las prácticas cotidianas de los ciudadanos pueden alterar ese significado impositivo. Para el primero, la ciudad es el espacio organizado por el poder que gestiona racionalmente el sistema, mientras que para la anti-disciplina, es el lugar privilegiado para producir y apropiarse de las transformaciones y movimientos contrarios al orden establecido. Las picardías, interrupciones y bifurcaciones que el ciudadano de a pie adopta frente al discurso tan “armónico” como artificial de la ciudad, reconfiguran dinámicamente las capacidades del individuo y de las multitudes abriendo brechas, inmiscuyéndose en las fisuras del sistema, generando espacios dónde no los había, penetrando el inconsciente colectivo en una poesía original, alternando entre pasajes de sumisión y burbujas creativas no dependientes del orden dominante, introspectivas pero a la vez capaces de expandir su poder expresivo al infinito. Un verdadero hormigueo, “un innumerable conjunto de singularidades”[v], “ya no es un campo de operaciones programadas y controladas. […] La ciudad-concepto se degrada. […] Tal vez las ciudades se deterioran al mismo tiempo que los procedimientos que las han organizado. Pero hay que desconfiar de nuestros análisis. Los ministros del conocimiento siempre han supuesto que el universo está amenazado por los cambios que estremecen sus ideologías y sus puestos. Transforman la infelicidad de sus teorías en teorías de la infelicidad. Cuando transforman en “catástrofes” sus extravíos, cuando quieren encerrar al pueblo en el “pánico” de sus discursos, ¿es necesario, una vez más, que tengan razón? Más que mantenerse dentro del campo de un discurso que conserva su privilegio al invertir su contenido (que habla de catástrofe, y ya no de progreso), se puede intentar otra vía: analizar las prácticas microbianas, singulares y plurales, que un sistema urbanístico debería manejar o suprimir y que sobreviven a su decadencia; seguir la pululación de estos procedimientos que, lejos de que los controle o los elimine la administración panóptica, se refuerzan en una ilegitimidad proliferadora, desarrollados e insinuados en las redes de vigilancia, combinados según tácticas ilegibles pero estables al punto de constituir regulaciones cotidianas y creaciones subrepticias que esconden solamente los dispositivos y los discursos, hoy en día desquiciados, de la organización observadora.”[vi]

La ciudad es, a la vez, espacio de un número finito de “propiedades estables, aislables y articuladas unas sobre otras”, y un despropósito disfuncional, anárquico, simbólicamente autónomo, espacio de un número infinito de aberraciones. La ciudad comunicante.[vii] Mientras que el “todo” se presenta como una ruptura suave, como algo promediado, como sujeto administrable, poco de eso ocurre en el detalle. ¿Es lo inestable del discurrir urbano, la hipertextualidad del andar, las incesantes bifurcaciones inesperadas, las interrupciones flashmob, la experiencia wi-fi, lo que hace más co-creativos a los habitantes de las ciudades?


 

[i] Para una breve introducción a esta obra, puede leerse el Prefacio a la versión 2007 en http://www.lamartinieregroupe.com/assets/images/livre/extrait/preface%20OPUS%20Morin.pdf.

[ii] de Certeau, Michel. L’invention du quotidien. Gallimard. Paris, 1990. En español existe una versión publicada por la Universidad Panamericana de 1995.

[iii] Ver Buchanan, Ian & Lambert, Gregg. Deleuze and space. Deleuze connections. Edinburgh University Press. Edinburgh, 2005.

[iv] Choay, F. “Figures d’un discours inconnu”. En Critique, abril de 1973. pp. 293-317. Citado por De Certeau.

[v] De Certeau, Michel. “Andares de la ciudad”. En Ortega, Francisco. La irrupción de lo impensado. Pontificia Universidad Javeriana, 2004. p. 268. Puede consultarse una versión digital en http://redalyc.uaemex.mx/pdf/558/55800708.pdf y una versión en línea en bifurcaciones [online]. núm. 7, año 2008. World Wide Web document, URL: <www.bifurcaciones.cl/007/reserva.htm>. ISSN 0718-1132.

[vi] Ibidem. pp. 107-108.

[vii] Reguillo, Rossana. El oráculo en la ciudad: creencias prácticas y geografías simbólicas.Diálogos de la Comunicación Edición N.49. Consultado en http://www.dialogosfelafacs.net/dialogos_epoca/pdf/49-03RossanaReguillo.pdf el 8 de marzo de 2009.



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