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Nov
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El aula en transición [III]

En la entrada anterior, sugerí que el mayor esfuerzo de reflexión que debemos hacer debe vincularse a las condiciones que deben darse para que las TICs actúen a favor de un mejor rendimiento en el aprendizaje, más que en demorarse debatiendo acerca de tecnologías. Sugerí, además, que hay al menos tres factores que configuran el contexto en el que debe darse el intercambio y la reflexión, y comencé por las nuevas generaciones de alumnos y sus formas disruptivas de relacionarse con el sistema mediático-cultural. Vamos ahora al segundo factor.

El consumo de nuevos canales, géneros y formatos de contenidos

Hace dos años realicé una investigación sobre el canal “educación” de YouTube, por analogía con una experiencia investigativa anterior realizada en EE.UU. consistente en una serie de búsquedas sobre la representación de personajes y datos de la realidad en esa plataforma de distribución de contenidos audiovisuales. La experiencia estadounidense se llevó a cabo buscando los contenidos relacionados con “George Washington”. El resultado mostró principalmente contenidos de series de televisión, personajes y representaciones del mundo del espectáculo, referentes de la red, artistas musicales. Ofreció poco que no fuese contenido de divertimiento. Ninguno de los 20 videos más vistos podía tener una explotación educativa como podría esperarse hurgando en la sección “Educación” de la plataforma. La investigación nacional fue realizada con “José de San Martín”. En este caso, el listado de videos que ofreció YouTube fue mucho menos extenso y del total de los resultados, sólo seis eran de corte “enciclopédico”, incluyendo los dos primeros. El resto eran discursos políticos, ceremonias y conferencias, y videos de producción familiar.

El modelo de los nuevos medios, en especial de YouTube, está más centrado en el ocio y el divertimiento que en cualquier otra actividad humana. Por un lado, se generan expectativas exageradas de que los nuevos medios incorporan voces distintas, otras que las de los autores y editores, empezando por los propios usuarios. Sugieren que habrá mayor participación en la producción y actualización e inmediatez en el acceso al conocimiento. Por otro camino van los resultados. YouTube ofrece una sección Educación cuyos contenidos pueden ser de interés para la capacitación continua o la actualización profesional, incluso para la formación universitaria, pero seguramente no para todos los segmentos etáreos. La imprecisión respecto de a quienes están destinados los contenidos, sobre todo pero no de forma excluyente, desde el punto de vista de la explotación didáctica, disminuye la eficiencia de la herramienta a los fines educativos y no hace más que levantar barreras entre la educación y ese tipo de plataformas. Los públicos educadores, padres y docentes, están teniendo la impresión de que, al menos en el corto plazo, YouTube y otras plataformas de contenidos similares no pueden ser un puente eficaz hacia la Sociedad del Conocimiento ni pueden reemplazar la puerta de entrada a la web que representa Google (buscador), con todos sus efectos contradictorios incluidos.

Es verdad que YouTube como la amplia mayoría de los nuevos medios y, en particular, de los medios sociales como Wikipedia, reaccionan frente a la realidad de los hechos y a los cambios de modo mucho más versátil. Si lo que se busca está relacionado con temas como la crisis global, el calentamiento climático, la vida en China o los últimos acontecimientos deportivos, es probable que encuentre algún registro audiovisual que de testimonio de lo acontecido o de la opinión del analista acerca de ello. El cotidiano está ampliamente representado en YouTube, en Wikipedia y en los demás medios sociales. Tal vez, con el aumento exponencial de los registros audiovisuales de la vida diaria, esas plataformas pasen a ocupar un lugar más central en las formas de aprender la historia reciente para las generaciones venideras. En el secundario y en la universidad, los usuarios que fueron fóbicos ya no lo son en su mayoría. A juzgar por los canales universitarios que se han desarrollado en YouTube[1], BlipTV, DailyMotion, Vimeo, entre otras plataformas de video, es evidente que, después de una etapa en la que las instituciones vieron en esas nuevas formas y lenguajes una posibilidad de optimizar sus recursos de comunicación institucional con los nuevos públicos, están ingresando en una nueva etapa en la que se posicionan con contenidos susceptibles de una explotación didáctica.

Por otra parte, en algunos países, no es aun el caso de Argentina pero nos encaminamos en ese sentido, uno de cada dos resultados que ofrece Google termina con el consumo de un video. Si ya lo era, desde que YouTube fue adquirida por Google hace dos años, la red se ha vuelto más social y audiovisual. El relato común se ha vuelto audiovisual. Todos los temas que los usuarios están buscando en Internet tienen una “respuesta posible” en YouTube. Pronto, el contenido audiovisual distribuido en Internet será 30% del volumen total de bits y será consumido, al menos, por el 50% de los usuarios. Pronto significa durante 2010. Los nuevos medios[2] están aun en proceso de estructuración y nada deja prever que su forma de seleccionar y jerarquizar los contenidos pueda ser suficiente a corto plazo para que, por sí mismos, puedan satisfacer las expectativas de hacer un uso intensivo de ellos con finalidad educativa si no existe una editorialización, una moderación o una actitud activa por parte de quienes pueden ordenan el territorio, sugerir la ruta o actuar como curadores.

Según un estudio publicado en febrero del presente año, los usuarios cargan en Facebook 14 millones de videos por mes. Eran 8 millones 10 meses antes.[3] Si a esto le agregamos que uno de cada cuatro usuarios frecuentes de Facebook considera que hay demasiada información en la web[4], y que según el informe de Generaciones Interactivas antes mencionado, en el segmento de 10 a 18 años, casi la mitad de la población escolarizada (47%) de Argentina ha intentado crear o mantiene un blog o un sitio web o una aplicación similar, podemos entender mejor dónde están yendo las jóvenes generaciones. Las personas se informan cada vez más solo a través de los grupos de pertenencia, es decir, de pares o de personas con las cuales comparten alguna de las pluridentidades con las que navegan la red. Este fenómeno, que algunos llaman SocialNews, muestra bien qué les interesa, y dónde y cómo se informan los usuarios más jóvenes.[5] Según los datos más recientes, los usuarios entre 12 y 18 años pasan de 3 a 5 veces más de tiempo en las redes sociales que en Google.[6] Buscan menos a través del buscador y cuando lo hacen miran poco entre los resultados ofrecidos. En síntesis, los usuarios jóvenes consumen cada vez más contenidos seleccionados y distribuidos o redistribuidos por pares o por otros usuarios.

Para algunos de ellos, la respuesta siempre la tiene Wikipedia. Este emprendimiento colaborativo ha generado un espacio de saber enciclopédico que, como tal, no puede suplantar la organización de los manuales escolares. Una experiencia abierta, compartida, global, anónima, para todos los públicos sin segmentación por edad o nivel de formación, y gratuita. “Si bien los millones de artículos de la Wikipedia, los millones de fotos de Flickr y de videos de Youtube no pueden explicarse solamente por la gratuidad, el argumento es difícil de refutar. […] La configuración de Internet como una red de inteligencias distribuidas promueve naturalmente una nueva dinámica de producción de conocimiento humano.”[7] Como afirma Landow, “en el metatexto o conjunto de documentos no hay un centro y esto motiva que cualquier usuario de hipertexto puede hacer de sus intereses el eje organizador o centro de su investigación del momento”[8]. El usuario de un medio digital tiene a disposición la red para comparar, contrastar y especular. La situación problemática se plantea cuando es un niño el que se enfrenta a tanta diversidad, carente de jerarquización adecuada para una explotación pedagógica.

Las enciclopedias, aunque por naturaleza sean un soporte precioso para el aprendizaje y la puerta de entrada a nuevos saberes, no estructuran el conocimiento con una finalidad escolar precisa. El rol que juegan, independientemente de si es impresa o digital, es contributiva y no puede sino excepcionalmente, suplir el manual de texto o el material de clase del docente. Es importante haber suscripto en el marco de varios planes nacionales un convenio para distribuir a las escuelas que no tienen una buena conexión a Internet, una versión de Wikipedia, pero este logro no debe distraernos: el desarrollo de materiales de aula que realmente resulten atractivos para estas nuevas generaciones debe ser el objetivo principal. En esto, Educ.ar, las universidades y la industria privada deberán asumir la parte gruesa de la inversión y los docentes y padres el costo del cambio cultural y social. De lo que se trata es de ensanchar los públicos y recuperar los que hemos perdido con el método tradicional. Y eso requiere nuevas estrategias, nuevos medios y nuevos contenidos, que mediante un realineamiento de intereses, géneros, formatos y dispositivos, alcancen los adeptos y los menos adeptos al régimen escolar.


[1] Había casi 10.000 canales registrado con un nombre que contenía la palabra “university” en mayo de 2010. Consultar en http://www.youtube.com/results?search_type=search_users&search_query=university&uni=3.  Con la palabra “universidad” había más de 2.200.

[2] “Los nuevos medios son nuevas formas culturales que dependen de una computadora para su distribución, representación y uso interactivo (Websites, las aplicaciones de realidad virtual, los kioscos interactivos, las instalaciones artísticas, los videojuegos, etc.). En sentido más amplio, son formas culturales que dependen de componentes digitales físicos para ser almacenadas, distribuidas y representadas, capacidades que están asociadas generalmente a la computadora. Estas capacidades pueden encontrarse en diversos dispositivos de naturaleza informática cuyo aspecto puede diferir del que caracteriza a las computadoras personales.[2] Los nuevos medios explotan las capacidades del procesador para ofrecer una experiencia interactiva y la conectividad a la red para el acceso remoto a los contenidos y la comunicación entre usuarios. Dotados de interactividad y de un espacio de interacción más importante que los medios tradicionales, ofrecen el acceso a una fruición a medida. Se los reconoce por su aspecto dinamizado en tiempo real en función de los intercambios hombre-máquina. Son sistemas hipermedia adaptativos que proponen una experiencia inmersiva en un entorno permeable, crecientemente inteligente y personalizable, que tiende a involucrar al usuario en una sucesión de tomas de decisiones potencialmente sin fin.” Igarza, Roberto. Nuevos Medios. Estrategias de Convergencia 3.0. Ed. La Crujía. BA, 2008. p. 11.

[3] Fuente: Facebook.

[4] EE.UU. Fuente: Nielsen. Septiembre 2009.

[5] Los estudiantes universitarios parecen usar más frecuentemente como fuentes de información los medios tradicionales.

[6] Para una análisis más detallado puede consultarse “El consumo de tiempo en las redes sociales: el misterio continúa”. Publicado el 20 de febrero de 2010 en Interactive Digital Media, accesible en https://robertoigarza.wordpress.com/2010/02/20/el-consumo-de-tiempo-en-las-redes-sociales-el-misterio-continua/.

[7] Igarza, Roberto. “Nuevos Medios”. En Barcia, Pedro Luis et alt. No seamos ingenuos. Ed. Santillana. Buenos Aires, 2008. p. 308.

[8] Landow, George. Hipertexto. Paidós. Barcelona, 1995. p.24.



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