24
Nov
10

El aula en transición: comentarios finales acerca de los programas gubernamentales de educación digital

En poco más de dos años, las aulas latinoamericanas habrán incorporado más de 10 millones de netbooks. Estamos frente a cambios de gran escala, cambios culturales e institucionales, cambios en prácticas sociales que hace décadas no sufren mayores transformaciones, ni masivas ni rápidas. Parece haber llegado el tiempo de actuar aun cuando todavía muchos interrogantes quedan por responder. Apenas puede listarse una serie de preguntas que deben perfeccionarse iterativamente a medida que se alcanza una masa crítica de prácticas concretas y evaluadas.

No se escuchan voces discordantes en cuanto a que estos planes significan para la escuela una oportunidad histórica de aumentar su capital social y simbólico siempre y cuando tengan éxito en el plano práctico y mantengan un posicionamiento positivo en el imaginario colectivo. Sin embargo, subsisten muchas opiniones contradictorias en cuanto a qué es lo más relevante, dónde debe ponerse énfasis, cuándo y cómo deben secuenciarse los esfuerzos. Para algunos, la inseguridad es un problema relevante de los planes latinoamericanos, tanto para el resguardo de las máquinas en los establecimientos como para aquellos que transportan el equipo hasta el hogar. Para otros, la reposición o la incidencia de los tiempos de demora en la reparación de los equipos es una de las claves. Pero aun aceptando que se trata de problemáticas que deben ser resueltas con la mayor eficiencia, no son las que elegiría como más críticas.

La conectividad es requisito insoslayable. Cualquier estrategia exige una política de conectividad, tanto como una política de moderación en su uso. No sólo es necesario fijar reglas de consumo, establecer desde dónde los niños y jóvenes pueden acceder y, tal vez, durante cuánto tiempo pueden hacerlo. Algo tan o más importante para la práctica cotidiana es indicar el rumbo a los niños y jóvenes en primer lugar, y a las instituciones y familias en segundo lugar, respecto de la seguridad en el consumo de contenidos en Internet. El equipamiento con tecnología para filtrar contenidos considerados inadecuados debe actuar no solo dentro sino también fuera del ámbito áulico o escolar. Hacerles confianza a los alumnos es parte del esquema formativo, tanto como velar por una formación crítica del consumo y por el ejercicio consciente del rol de consumidor y productor de contenidos en Internet.

Los materiales, los contenidos digitales y los manuales escolares impresos deberán dialogar. Las obras de literatura infantil y juvenil de las bibliotecas escolares comenzarán a producirse y a ofrecerse en soporte digital en poco tiempo. Habrá que crear puentes y remisiones de todo tipo entre los materiales impresos y los digitales. Entre, por un lado, los materiales cerrados, ya sean producidos institucionalmente o por las editoriales, y los materiales de los docentes y los contenidos abiertos, aquellos que se encuentran en la web a disposición de todos los públicos. Esto introduce cambios inminentes en la forma de producir y distribuir contenidos, y crea un nuevo ecosistema, donde cada especie debe convivir con las demás ajustándose a las reglas de la evolución colectiva. 

El año pasado con motivo de la gripe A (H1N1), fuimos testigos de cómo los horizontes temporales contingentes nos exigen definiciones rápidas. Vimos cómo es posible acordar entre lo presencial y lo no presencial. Vimos que los docentes son altamente capaces de reaccionar frente a las realidades con ingeniosidad. Aparecieron materiales sorprendentes para contrarrestar una situación deficitaria en plazos y logros. Muchos docentes utilizaron aquello que venían elaborando en silencio, que bajo circunstancias normales no hubiesen empleado o expuesto. Las circunstancias de contingencia, con sus reglas más permisivas, con controles menos rígidos sobre las prácticas de interacción y menos homologaciones de los contenidos desde el punto de vista formal, estético y funcional, favorecieron la rápida toma de posición de los docentes a favor de los nuevos medios.

Queda por ver si esta disposición temporaria, si esta actitud reactiva puede convertirse en un hábito y como tal en un cambio comportamental hacia la proactividad y hacia los nuevos medios como un factor de integración en un movimiento colectivo, más inclusivo de las especificidades y modelos de aprendizaje, que enriquezca el rol protagónico de los docentes y padres, sin debilitar la institución. La escuela sólo podrá acompasar la evolución si revisa con criterio y prudencia sus formas y lenguajes de manera que resulten menos divergentes con el modo en que las nuevas generaciones se relacionan con el sistema cultural-mediático, detectando qué puede y qué no puede integrarse en beneficio de una mayor eficiencia. Más es el potencial de sus funciones y lo que puede hacerse con las TICs, más necesario es dotarse de políticas institucionales respecto de qué estamos dispuestos a hacer con ellas en las aulas. El docente puede y quiere seguir ejerciendo su mandato social. Si existe una metamorfosis posible del aula, esa será factible con la preemiencia del docente.

Las tecnologías de la desmaterialización no pueden ser el soporte que reemplace todas las actividades de laboratorio y de experimentación, pero seguro que son una plataforma para aquellas actividades que no pueden realizarse por falta de material en el aula y en la escuela. Es evidente que la ausencia de material no puede ser reemplazada por una defección existiendo la posibilidad y la potencialidad de las TICs. La única alternativa válida requiere una inversión en materiales didácticos apropiados al nuevo contexto. Producir en las cantidades necesarias y en los plazos que la implementación de los planes ya impuso requiere un trabajo mancomunado de todos los actores sociales capaces de ofrecer experticia y volumen de esfuerzo a la altura de las circunstancias. Es necesario que todos los eslabones de la nueva cadena educativa digital, desde quienes proveen el equipamiento y la conectividad hasta quienes son proveedores tradicionales de contenido, se articulen con la mayor eficiencia y rapidez posible. Tal vez, con la capacitación a un nivel adecuado, el material producido por los docentes pueda paliar las carencias que puede presentar la situación inicial. Todo dependerá de la secuencia en la implementación y del tiempo que requiere formar los docentes a gran escala para actualizarse y producir al ritmo de la demanda.

También se plantean innumerables interrogantes respecto del impacto de la llegada del alumno al hogar portando una computadora. El sistema educativo derramará el incremento de su capital simbólico sobre millones hogares. ¿Qué tipo de participación deben tener las familias en la implementación de estos planes? ¿Qué tipo de interacción deben mantener las familias con la escuela después de la implementación de estos planes? ¿Cómo puede la familia aprovechar el salto cuali-cuantitativo que se propone dar el aula y la escuela? ¿Qué estrategia seguir para aumentar la capacidad de absorción de los efectos ambivalentes de las TICs por parte de las familias?

Lo que queda por venir es mucho más de lo que hemos visto. No solo en términos tecnológicos, donde todo es demasiado volátil para asegurar cuánto tiempo estará vigente. El tema sigue siendo cultural, social y educativo, mucho mas que tecnológico. Cualquier visión acerca de cómo comenzar nos lleva al docente, principal agente socializador del cambio. Es él quien puede asegurar con estrategias pertinentes la resolución positiva de esta transición hacia un aula 2.0. Su capacitación en el uso de las TICs es fundamental, pero de ningún modo será suficiente si lo que se pretende es un cambio de las estrategias en función del nuevo contexto áulico. El desafío consiste en la mejora continua de nuestras prácticas educativas y sociales en la escuela comenzando por el aula, la que debe empoderarse con los nuevos medios, mas que soportar su embate como lo hizo con los medios anteriores. Para introducir innovación en la didáctica aprovechando todo el potencial de los nuevos soportes y materiales se necesita pistas concretas. La intuición y la experiencia pueden colaborar y jugarán un rol determinante cuanto más trayectoria áulica tenga el docente. La aproximación más empática a las TICs por parte de los docentes más jóvenes podrá jugar un papel importante a la hora de resolver ciertas barreras que incomodan a las generaciones anteriores. Pero ni todos cuentan con una larga experiencia docente, ni todos tienen capacidades instrumentales suficientes. No todos tendrán las condiciones de apropiación de las TICs e integración en la práctica docente para cuando haya que demostrar en el aula la eficiencia personal ante un colectivo de niños y jóvenes cuyas competencias digitales crecerán múltiples veces mas rápidamente que las de los docentes. Urge reconocer que se trata de “nuevos contextos”, porque la coactividad y la actitud participativa creciente que hemos visto en nuestros alumnos actuales, se verá potenciada por los nuevos dispositivos y la conectividad. En ese contexto, la didactización con nuevos medios y materiales interactivos es a la vez un gran desafío y una de las mejores oportunidades de mejora que hayamos tenido en las últimas décadas. Para eso, evitar cualquier tentación tecnocéntrica y adoptar una disposición crítica frente a las tecnologías debe ser tan prioritario como defender el principio de que la educación es lo que nos importa, que son las estrategias pedagógicas las que pueden enriquecerse y que son los públicos que deben ser los verdaderos beneficiados por los resultados.

No puede confiarse en el dominio excelso de la práctica docente o en las capacidades de manipulación de las tecnologías informáticas, una u otra solamente. Una combinación suficiente de ambas puede darse menos excepcionalmente de lo que pensamos. Pero aun así no puede diseñarse un plan confiando en que esto acontecerá. Todos los promedios esconden una verdad mucho mas compleja. Debe ser un objetivo prioritario la formación docente en todas las dimensiones y niveles, desde la capacitación básica hasta el diseño y práctica de estrategias pedagógicas innovadoras, estrategias que deben estar a la altura de las potencialidades de las tecnologías que se introducen. Es evidente que una amplia mayoría de los niños y jóvenes esperan que esto acontezca rápidamente y que los docentes nos impliquemos en ese proceso.

La prioridad debe seguir siendo el docente como agente de cambio. Su formación y competencias digitales requieren el mayor de nuestros esfuerzos.

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[Ésta al igual que las entradas anteriores tituladas “El aula en transición” son extractos de la comunicación pública ante el plenario de la Academia Nacional de Educación de junio de 2010 y que inspiró la conferencia dictada en Sesión abierta en la ANE en Buenos Aires el 9 de noviembre de 2010]


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